Soy un asesino en serie

Ferran Ballesta


Estoy preparado. "He sabido como conseguir el placer entre el odio infundido por mis padres, basado en la imposición del cristianismo fanático mientras yo, nocturnamente, me masturbaba con el cadáver de una gallina".
Cierto, aquel lubricante sanguinolento se mezclaba con mi semen y mi orgasmo se multiplicaba. Nunca sentí el asco, al contrario, me placentaba el hecho de poder matar animales y descubrir su interior, sobretodo las ranas y algunos gatos. Aún recuerdo cuando una vez curioseando por la casa del vecino se me apareció su gato, un asqueroso gato sucio y apestoso que necesitaba ser limpiado y educado de modo que su elegancia fuera capaz de excitar a los demás. Y eso hice, le ayudé, le abrí con unas tijeras des de el cuello hasta el genital y exploré su interior, analizando cada uno de sus órganos entre mi chafardería. Pero a lo que iba, acabé despellejando el animal como a un conejo. Notaba que mi pene se excitaba, y me masturbé inmediatamente.
Fue una juventud difícil, especialmente por mi padre, que se emborrachaba cada noche y acababa pegando a mi madre, también a mí. Él decía que yo era un mariquita y que la culpa de eso la tenía mi madre, y que por eso mismo tenía que acariciar, siempre que me lo pidiera, su pene. Esa era la única manera de calmar a mi padre, y aunque no me gustaban mucho esas caricias siempre he creído que esa es la manera que un padre debe perdonar a sus hijos. Seguro que no lo hacía con mala fe.
Me hice mayor, y fui a estudiar a una importante Universidad de Pensilvania, y aunque poco a poco fui conociendo a chicas con quien tuve mis primeras relaciones, siempre me he considerado un católico modélico. Incluso me alisté para formar parte del partido republicano conservador, e incluso también participé en algunos meetings.
Pero nunca sentí el placer, sentía como una especie de obligación exterior por parte de mi familia, alguien que he amado muchísimo, especialmente a mi mamá, que es con quien perdí la virginidad. Nunca la olvidaré. Pero necesitaba recobrar el placer, los animales quedaban lejos, mi mamá aún más, y aquellas chicas... eran todas unas zorras que se vestían como putas, y que solo se fijaban en otros tíos. Solo me corrí una vez, y fue con la última chica que estuve; mientras follábamos cogí un cuchillo y se lo puse al cuello, yo seguía penetrándola mientras ella paralizada me suplicaba que parara, que tenía miedo. Fue ese miedo entre sus lágrimas lo que más me excitaba, y aún más cuando le dije que como no callara “le cortaría las tetas y se las metería por el culo”. Gritó desesperadamente, y yo eyaculé! Diós me ayudó a reencontrarme con el placer, y realmente lo conseguí.


Ahora estoy preparado, así que vayan con cuidado señoritas, porqué tal y como dijo Ted Bundy "Nosotros, los asesinos en serie, somos vuestros hijos, somos sus maridos, estamos en todas partes, y habrán más de sus hijos muertos mañana"

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Comentarios

  1. No, seguro que no lo hacía con mala fe...

    Muy buena cita la del señor Bundy, por cierto =)

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