“El club de los cuatro caballeros”



La industria de cine japonesa se hundía en sus miserias entre los años 1965-1970, después del dudoso éxito que la compañía Daiei tuvo con Barbarroja (Akira Kurosawa, 1965). Que ocurría? Algo de lo que hoy en día podríamos extraer semejanzas, como es la crisis indirecta que sufrió la industria provocada por un elemento externo como fue el auge del televisor (hoy sin duda es Internet). Los jóvenes preferían películas extranjeras, especialmente las de Hollywood, y las generaciones más avanzadas acababan optando por quedarse en casa viendo la televisión.

Solo hay que recordar lo que dijo el actor Tatsuo Matsumura: “La edad de oro del cine japonés estaba acabada. Otros medios se estaban haciendo populares; los japoneses tenían mejor bienestar, iban de vacaciones a balnearios y todo eso”. Y en cierto modo tenía razón, lo que siempre fue el ocio de los pobres cada vez más se quedaba aislado por la novedad del televisor, que en 1970 ya formaba parte del 95% de los hogares, patentando una salud inquebrantable incluso hoy en día.
Todo esto creó una disminución vertiginosa de público en las salas, afectando especialmente a los títulos nacionales que acabaron decayendo en un 40%, y eso, como es lógico, afectó gravemente a productoras y profesionales del sector:

-Daiei: Responsable de títulos como Rashomon, Godzilla, Daimajin o la película de culto de Kenji Mizoguchi, Cuentos de la luna pálida, entró en bancarrota y cerró.

-Nikkatsu: El caso más sonado y que optó por el recurso fácil en la decisión de “renovarse o morir” ante la pérdida de interés del público ante títulos relacionados con el género Chambara y cine negro, géneros que daban la personalidad a la productora. Se pasó a un género hasta ese momento tabú en japón, como fue el “Porno romántico”, una especie de porno blando que gente como el ya mencionado en este blog Nagisa Oshima bebería en abundancia.

  • -Shochiku: Sobrevivió gracias a los éxitos en taquilla del director Yoji Yamada, un director que aún sigue vivo y coleando después de regalarnos en estos 10 últimos años una excelente trilogía samurái (El ocaso del samurai-2002, The hidden Blade 2004, y Love & Honour-2006). Éste director no fue mas que el ejemplo vivo de que Japón necesitaba gente joven para oxigenar un cine anticuado y repetitivo.

  • -Toei: Hoy en día totalmente reestructurada, pero siempre consciente de las preferencias del público corriente multisala.

  • -Toho: La compañía que podríamos decir “dio de comer” a gente como Kurosawa o Toshiro Mifune. Excesiva plantilla para una implicación directa a dos géneros medio muertos como eran los Jidai-geki y comedias, que ya no despertaban interés del público. Había un problema grave, y solo títulos con Godzilla (que adquirió sus derechos) conseguían dar alas a Toho, pero eso si, con una reciente afectación por la censura de “solo para adultos”, con lo que eso conlleva. Incluso Toho compró los derechos del popular samurái Zatoichi, reafirmando su pérdida de identidad.


Quedó claro el grave problema que había en las salas cinematográficas, afectando económicamente a todo trabajador relacionado con el cine, y que cada vez más, empezaban a buscar salidas en televisión.
Pero el orgullo de los mejores despertó y luchó por revivir todo aquello que en un pasado dieron vida. Akira Kurosawa, Masaki Kobayashi, Keisuke Kinoshita y Kon ishikawa crearon una nueva compañía llamada “El club de los cuatro caballeros” en julio de 1969. No buscaron otra cosa que entender los problemas que sufría la industria en aquel momento, y, de los errores, ofrecer algo moderno y atrayente a las masas (o público común) que no encontraba en el cine japonés, y si en Hollywood, lo que buscaban. Su único fin era el de rejuvenecer la industria japonesa.

Los más fuertes tiraron del carro ante una situación de desespero, quisieron aprender de los errores, del abuso constante de un mismo cine, o incluso podríamos considerar como de carácter o valores. Una actitud que sin darse cuenta crearon el desprecio de aquellos que vivían esa especie de matrimonio patriótico que había entre espectadores y industria cinematográfica japonesa.
Renovarse o morir. Aprender y vivir.

Y a veces las cosas no salen bien, como “El club de los cuatro caballeros”, que acabó produciendo Dodes'ka-den (1970) y fue un rotundo fracaso (básicamente económico), e incluso hundiendo al propio Kurosawa en un intento de suicidio a causa de sus deudas y falta de trabajo. Y ese desespero no fue mas que un ejemplo de lo que le ocurre a un gorrión salvaje al ser encerrado en una jaula, no es feliz, necesita volar, seguir volando, y eso fue lo que ocurrió a Kurosawa.
Pero lo intentaron, o mejor dicho, lo intentó Kurosawa. Y lo que nadie podrá dudar nunca son las ganas que tuvieron cuatro personas de levantar algo muerto, para que incluso ellos mismos se consideraran vivos, y para seguir viviendo.


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