Vincent Price: Los crímenes del museo de cera + La mosca. (Parte 2)

Ferrn Ballesta



TÍTULO: Los crímenes del museo de cera
DIRECTOR: André De Toth
GUIÓN: Crane Wilbur
AÑO: 1953
DURACIÓN: 88 min.
MÚSICA: David Buttolph
FOTOGRAFÍA: Bert Glennon
PRODUCTORA: Warner Bros. Pictures
REPARTO: Vincent Price, Phyllis Kirk, Frank Lovejoy, Carolyn Jones, Paul Cavanagh, Paul Cicerni, Roy Roberts, Charles Bronson

NOTA: 9







Cuando Vincent Price ya se había consolidado como un secundario de lujo, habiendo trabajado con grandes directores y estrellas de cine, en el año 1953 su vida dio un giro de 90º que significó su perdición dentro del cine de terror, estereotipando así al actor como personaje malvado de lujo dentro del género. Suerte tenemos los aficionados al fantastique que la Warner Bros le ofreciera el papel del prof. Henrry Jarrod en la película Los crímenes del museo de cera, un remake del film de Michael Curtiz del año 1933, llamada Los crímenes del museo. Esta nueva versión contaría con la dirección de André De Toth, quien dotó el film de mucha más violencia y espectacularidad visual gracias al uso del Warnercolor y el efecto 3D, convirtiéndose así en la primera película que usó este efecto voluptuoso con sonido estereofónico, un logro por parte de la productora. Y la película en general, que superó con creces su predecesora en todos los sentidos convirtiéndose hoy, no solo como obra maestra dentro del género sino como indiscutible clásico dentro del cine.

La película trata sobre el profesor Jarrod (Vincent Price), un escultor de figuras de cera que ve quemado el trabajo de su vida por culpa de un socio que pretende cobrar la indemnización del seguro. Después del desastre y la pérdida de su valía física como escultor, Jarrod decide junto a su ayudante Igor (un sorprendente Charles Bronson mudo y ya culturista), reabrir otro museo de cera mostrando la cara más amarga de la humanidad, con asesinatos de renombre histórico, pero con la única y oscura intención de vengarse de un modo totalmente grotesco...

La película ve nacer al nuevo Vincent Price. El renacimiento de Jarrod durante el segundo tercio de la película hay un diálogo muy simbólico que podría resumir esa transformación, cuando le es preguntado por el motivo que le supuso el cambio de contenidos en su museo de cera (anteriormente repletos de belleza) por los de asesinatos, y la respuesta de Jarrod se limita a decir que ya no puede crear belleza porqué ha cambiado física y mentalmente. Aquel Vincent Price murió y nace lo que sería su segunda etapa como actor, la de actor ideal para encarnar a personajes con psiques turbias tendentes a la aberración.

En cuanto a la película sobran las palabras, es una maravilla del género de terror mire por donde se mire, totalmente imprescindible y con la etiqueta de clásico indudable. Una de sus grandes virtudes reside especialmente en su aspecto visual, algo básico para un título que apuesta por un espacio inquietante como es el de un museo de cera lleno de esculturas grotescas de asesinatos, y es un aspecto solventado de manera impecable, inquietante y preciosa. Se nota el gusto y sutileza con la que André De Toth y la misma productora Warner trabajaron este título, puro cariño y profesionalidad depositado en su diseño de producción.

Y no se puede más que pensar al finalizar el film que estamos ante un título totalmente solvente, ya que apenas 3-4 escenarios son suficientes para la desarrollar el ritmo narrativo, con sus dosis justas de acción dentro de lo permisible de su apariencia de cine clásico. Y no hay que olvidar el maquillaje, importantísimo, que aparte de hacer un grandísimo trabajo Vincent Price presentándose al mundo como amo y señor de una película, nos ofrecieron a uno de los poquísimos Vincent(s) Price a cara cubierta. Obra de Gordon Bau (uno de los más grandes maquilladores que ha tenido el cine), diseñó un complicado maquillaje que alargaba el proceso de caracterización que sufría Price hasta las 3 horas, y lo mismo en quitarse. Mucho sufrió el actor en este proceso, incluso en una ocasión llegó al desmayo por falta de oxigeno durante el rodaje, que a veces se alargaba hasta las 10 horas.

Sin duda una joya influyente y clave dentro del cine, y en la carrera del actor.





TÍTULO: La mosca
DIRECTOR: Kurt Neumann
GUIÓN: James Clavell
AÑO: 1958
DURACIÓN: 94 min.
MÚSICA: Paul Sawtell
FOTOGRAFÍA: Karl Struss
REPARTO: Al Hedison, Patricia Owens, Vincent Price, Herbert Marshall
PRODUCTORA: 20th Century-Fox

NOTA: 6








Cuando el temor a la radiactividad se hizo patente entre los años 40-50 gracias (si es que se puede decir así) a las bombas de Hiroshima y Nagasaki, el cine lo aprovechó produciendo una considerable cantidad de películas de serie B que profundizan en los temores de la sociedad de la época, tras desatarse públicamente las fatales consecuencias que puede tener para la humanidad una catástrofe nuclear. Fueron los tiempos de los monstruos, insectos u animales desarrollados radiactivamente creando seres de otro mundo. Películas como Godzila (Ishiro Honda, 1954) o Them! La humanidad en peligro (Gordon Douglas, 1954), eran ejemplos de este nuevo cine de ciencia ficción hoy ya considerado de culto.

Uno de los mayores éxitos fue La mosca, dirigida por Kurt Neumann en 1958, intenta alejarse de la mayoría de películas de monstruos titánicos centrándose en un caso más intimista. Basada en un relato de George Langelann, la película trata de un científico que logra transportar materia de un lugar a otro con una máquina creada por él mismo, pero su obsesión le lleva a experimentar con personas (él mismo), y con la mala fortuna que el experimento no sale bien, una mosca común se interpone en su camino emergiendo dos nuevas criaturas…

Lo cierto es que no podía ser de otra manera que la conservadora Fox acabara mostrando de fondo un mensaje conservador, dejando entrever el peligro que tiene para la humanidad el profundizar en la ciencia, una crítica realizada algo grotescamente.

Al igual que en El experimento del dr Quatermass (Val Guest, 1955), veremos mutaciones, la aparición de nuevo tejido cárnico en forma de mosca gigante sobre la base humana, y escenas inolvidables como la de la mosca-humana enredada en una tela de araña y acechada por la araña. Sin duda encantador, un título clave dentro de la ciencia-ficción de los 50, que significó para la Fox un gran éxito comercial, y que provocó dos secuelas más y el futuro remake de David Cronenberg. Pura serie B embriagadora que si bien hoy en día visualmente pueda parecer algo pobre, lo cierto es que la historia engancha desde el principio. Narrada con un largo flashback, Neumann nos ofrece un buen guión, con excelentes interpretaciones y una puesta escena limitada a prácticamente 2 o 3 escenarios a favor hoy en día de sus “pobres maquillajes”, que progresivamente se irán mostrando al mismo ritmo que se desarrolla la tensión.

Y nos queda nuestro Vincent Price, que quizás en esta ocasión será más recordado simplemente por haber participado en semejante exitazo de taquilla más que por méritos propios. De hecho esta vez no es villano, ni siquiera maligno, se limita a interpretar a un hombre bueno enamorado de una mujer, la esposa de su hermano, y todo hay que decirlo, ante semejante marido tan repulsivo de apariencia (la mosca) incluso Vincent Price le respeta. Eso si, nuestro actor se encuentra totalmente en su salsa, viviendo a distancia unos sucesos espantosos que contrastan perfectamente con su delicadeza y poesía personal.

La mosca inició una franquicia multimillonaria que llevó a elaborar dos secuelas más para la Fox, El regreso de la mosca (Edward Bernds, 1959), con Vincent Price de nuevo pero esta vez sin la dirección de Kurt Neumann a favor de Edward Bernds. Incluso La maldición de la mosca (Don Sharp, 1965), tercera entrega de la saga dirigida por el siempre recordado director “hammeriano” Don Sharp, autor de clásicos como Rasputín (1966), pero esta vez sin la participación de Vincent Price. Títulos que para un servidor no están a la altura de la presente película de Neumann.

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