Vincent Price: La carrera de la muerte, etapa Gordon Hessler. (parte 9)

Ferran Ballesta



TÍTULO ORIGINAL: Scream and Scream Again
DIRECTOR: Gordon Hessler
GUIÓN: Christopher Wicking (Novela: Peter Saxon)
AÑO: 1970
DURACIÓN: 95 min.
PAÍS: Reino Unido
MÚSICA: David Whitaker
FOTOGRAFÍA: John Coquillon
REPARTO: Vincent Price, Christopher Lee, Peter Cushing, Alfred Marks, Christopher Matthews, Judy Huxtable, Yutte Stensgaard, Anthony Newlands, Julian Holloway, Kenneth Benda, Judy Bloom, Marshall Jones, Peter Sallis, Uta Levka, Clifford Earl, Nigel Lambert, Michael Gothard, David Lodge
PRODUCTORA: American International Pictures (AIP)

NOTA: 5.5



La segunda película que participó Vincent Price bajo la dirección de Gordon Hessler corresponde a La carrera de la muerte, quizás la más floja de las 3, que ya es decir. En ella conoceremos al profesor Browning (Price) un científico loco que trabaja para un gobierno distópico con la intención de crear una raza definitiva de humanos-soldado. Una metáfora del nazismo vaya.

Coproducida por la Amicus (junto con la AIP), sería la primera vez que veríamos una reunión en pantalla a las tres más grandes estrellas que para un servidor ha dado el cine de terror: Peter Cushing, Christopher Lee, y como no, Vincent Price. Los dos primeros aparecerán en el reparto, pero por desgracia su presencia se limita a breves cameos casi anecdóticos, y lo que quizás interesará más al lector, en ningún momento de la película podremos disfrutar de un plano conjunto. Una pena, habría que esperar hasta la futura La casa de las sombras del pasado (Pete Walker, 1983) para poder ver la interacción entre ese trío. De todos modos La carrera de la muerte fue una de las películas más flojas a nivel técnico en las que ha participado Price, algo que quizás parece imposible cuando uno descubre con el tiempo cosas como Percy’s progress de Ralph Thomas -o buenas malísimas películas como Baño de sangre en la casa de la muerte-, lo que quizás hace aliviarnos al no conseguir “esa escena” deseada por los fans de ese trío titánico. Aunque ciertamente, sin duda hubiese sido una macha de aceite para ese momento de obligado recuerdo en el cine de terror.

Gordon Hessler nos regala una potente historia tan mal escrita, enfocada y dirigida que es inevitable desprender sonrisas continuamente, y es eso quizás lo que la hace salvar del olvido, o directamente que la mencione en este blog. Una película que se pierde en ella misma y nos hace perder a nosotros, ya que siempre tendremos la incertidumbre de qué género pertenece lo que estamos viendo, y eso es algo que en ocasiones un director puede demostrar su habilidad al pasearse por los géneros como el pez al agua, como Sion Sono por ejemplo, pero esta vez se trata de un nefasto trabajo de guión y producción, algo que ya acarreaba con su anterior film El ataúd.

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La película empieza como un thriller psicológico –hasta le va grande la descripción- con asesino en serie, en que se baraja un cóctel infinito de personajes que sobran y que simplemente acaban por confundir constantemente a un espectador que acaba por no entender nada -también es cierto que el montaje es tan pedante e incoherente que tampoco ayuda-, y lo que es peor, el personaje insultante de Peter Cushing, para qué? Que aporta ese cameo? Quien es? Era necesario? Parece que se rían de él.


Seguidamente se pasa a convertir en una película de acción de la época, floreciendo en ella espontáneamente toques de humor paleto sin gracia que no hacen más que agrandar la leyenda de una película tan mal hecha. Pero ojo, Hessler nos acaba dando un puñetazo a la cara al desvelar su potencial como director –si han leído bien-, en la escena de la persecución en coche, quizás el único momento técnicamente interesante del film y que Hessler demuestra soltura al rodar y un buen sentido orientativo a la hora de escoger los planos de cara al montaje, lo que convierte la escena en espectacular.

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Para luego convertirse en una película de ciencia ficción con robots biotecnológicos, y con la ansiada aparición de nuestro Vincent Price “haciendo de Dr. Frankenstein”, oscureciendo la trama y desvelando el “por qué” de alguna de las incoherencias anteriores.

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Una película que apuesta por la metáfora del nazismo para justificar su argumento sobre la superioridad de raza, incluso creando una actualización al logo de la esvástica, pero dejando en evidencia la tontería de película que Hessler se sacó de la manga. Porque en el fondo, de qué va? nos interesa? O en el fondo, preferimos disfrutar de una buena mala película que parte de una producción modesta, con los típicos fallos hoy ya convertidos en clichés que acarrean este tipo de producciones de tan bajo presupuesto? Eso es lo que me lleva a recordarla, y en concreto a Gordon Hessler, ya que ha creado cine divertido gracias a su mediocridad y carencia de verguenza ajena, hecha inevitablemente para nosotros.

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