Vincent Price: La comedia de los terrores + La tumba de Ligeia. (parte 8)

Ferran Ballesta


TÍTULO ORIGINAL: The Comedy of Terrors
DIRECTOR: Jacques Tourneur
GUIÓN: Richard Matheson
AÑO: 1964
DURACIÓN: 84 min.
MÚSICA: Les Baxter
FOTOGRAFÍA: Floyd Crosby
REPARTO: Vincent Price, Peter Lorre, Boris Karloff, Joyce Jameson, Joe E. Brown, Beverly Powers, Basil Rathbone, Alan DeWitt, Buddy Mason, Douglas Williams, Linda Rogers, Luree Holmes, Paul Barselou
PRODUCTORA: American International Pictures


NOTA: 6.5





Cuando el cine de terror (y Poe en concreto) vivían su etapa más gloriosa dentro de esa interesante época como fueron los 60, quizás la década en que el cine clásico iba muriendo para dar vida a un nuevo cine más actual y “trash” en conjunto, Vincent Price seguía estandarizando el cine de terror con títulos cada cual más interesante. La comedia de los terrores no fue una excepción, dirigida por una de las leyendas del cine zombi: Jacques Tourneur, director de clásicos inmortales como Yo anduve con un zombie (1943) o La mujer pantera (1942), fue contratado por la AIP para dirigir este título con grandes dosis de humor satírico con el cine de terror, que en el fondo nos acabaría sacando la espina clavada por el fracaso que supuso El cuervo (Roger Corman, 1963).
La clave del film reside en el hecho de querer rehacer -o corregir si se me permite- las imperfecciones, o incluso enmascarar las carencias que tenía El cuervo, un título con mucho potencial desaprovechado. De esa manera, se empezó el proyecto recuperando gran parte de los actores y equipo técnico de El Cuervo, a excepción de Roger Corman claro, y es algo que se nota considerablemente por parte de Tourneur al aportar un plus de calidad notable, algo lógico de alguien con mucha más experiencia tras la cámara y una filmografía realmente envidiable.

En cuanto a los actores, los personajes que interpretan son dignos de la comedia inglesa más absurda: Peter Lorre -meses antes de morir-, interpreta a un ladronzuelo que estuvo en la cárcel por no saber hacer su trabajo: robar; Boris Karloff se autoridiculiza haciendo de viejo gruñón sin dos dedos de frente; también Basil Rathbone interpreta a un personaje que no quiere morir nunca; y nos queda nuestro querido Vincent Price, haciendo de loco borracho y maltratador, líder de este título imprescindible dentro de su carrera.
El argumento gira entorno a esta familia (Price, Lorre, Karloff y Joyce Jameson) que trabajan en un negocio funerario propio, pero las cosas les van mal, la gente no se muere y por lo tanto no tienen “clientes”, conduciéndoles así a asesinar gente para poder hacer entierros. Pero la trama se complica cuando ésta familia intenta matar al personaje interpretado por Basil Rathbone, alguien que no se muere nunca, creando inolvidables y disparatados momentos.

La película empieza con una divertidísima escena capaz de dejar claras la intenciones de Tourneur. Vemos una ambientación cargada de niebla en un cementerio completamente lúgubre, desprendiéndose un humor negrísimo rozando lo macabro por parte de Price y Lorre -otro par de Burke & Hare que nos ha brindado el cine-, que junto a una música de violín excelentemente ligada al montaje del film atribuyen a la escena el punto de humor necesario para acompañar a esos dos “personajes“. Es un sensacional comienzo, pero lo mejor de todo es que no decaerá a lo largo del metraje, llena de momentos divertidísimos digna de ser considerada “una comedia de terror”, pero eso si, mucho más cercana a la comedia que al horror.
Rodada en apenas 15 días, el director de La noche del demonio (1957) consigue dotar al metraje de muchísimo más dinamismo de cámara, algo que se nota bastante respeto a los films de Roger Corman, con tiros de cámara bastante más estáticos. Eso si, se nota una puesta en escena algo más teatralizada -especialmente en los interiores-, pero que en el fondo no le queda nada mal a las comedias de corte más clásico, llenas de largas escenas y diálogos.
subir imagenesEn si la película intenta desmarcarse de la estética gótica que el ciclo llevaba de mismo denominador común, porqué estamos por encima de todo, ante una película de diálogos, por lo tanto en favor de un reparto que con tanta estrella -aunque algunas caducadas- desprende constantemente fidelidad por parte de los espectadores, nadie decepciona. Y que con el guión de Richard Matheson disfrutaremos de unos interesantísimos diálogos mas o menos enginiosos, que nos dirigen a gags con mucho humor y talento para interpretarlos por parte de los actores, que en general acaban retratando el trasfondo de una vida frustrada en familia. Eso si, es posible que a ratos notemos la falta de intensidad en el guión, como si se quedara estancado y no avanzara, dejando una sensación algo irregular pese a los constantemente interesantes diálogos y actuaciones. Pese a eso, el final es muy bueno, creándose una curiosísima escena muy teatralizada y climática, con buenos gags, sangre, y que en el fondo acaban dejando un muy buen sabor de boca.






TÍTULO: La tumba de Ligeia
DIRECTOR: Roger Corman
GUIÓN: Robert Towne (Historia: Edgar Allan Poe)
AÑO: 1964
DURACIÓN: 81 min.
MÚSICA: Kenneth V. Jones
FOTOGRAFÍA: Arthur Grant
REPARTO: Vincent Price, Elizabeth Shepherd, John Westbrook, Derek Francis, Oliver Johnston, Richard Vernon, Frank Thornton, Ronald Adam, Denis Gilmore
PRODUCTORA: Alta Vista Film Production / American International Pictures (AIP)


NOTA: 6.5





Todo lo que empieza acaba, y con el ciclo que Corman le dedicó a Poe ocurrió lo mismo. La tumba de Ligeia supone uno de los mayores éxitos en la carrera del director y en especial de Vincent Price, quien consideró la presente película como la mejor del ciclo. La historia, adaptada esta vez por el bueno de Robert Towne (Bonnie & Clyde, Chinatown, Yakuza), nos cuenta como Verden Fell (Vincent Price) entierra a su esposa en una abadía ante la objeción de un sacerdote. El tiempo pasa y rehace su vida casándose con otra mujer, pero Verden se obsesiona con que un gato negro que habita en su castillo alberga el espíritu de su fallecida esposa.

Sin duda una muy correcta película que contiene elementos que la hacen diferente del resto, quizás por el hecho que al igual que en La máscara de la muerte roja (1964), el equipo técnico era totalmente distinto, incluyendo a Richard Matheson como guionista. Y ni más ni menos estamos hablando de la séptima película dentro del ciclo, en que lo lógico sería sufrir el desgaste de tanta adaptación, pero Corman nos sorprende con un inicio que abusa de exteriores a plena luz del día, muy acertadamente, potenciando un sabor exótico hasta el momento muy poco degustado en estos films, para acabar convirtiéndose en su segunda mitad en monótono, con reminiscencias a otras películas y una sensación general de “ya lo he visto antes”.
Como he dicho su inicio es sensacional, genialmente dirigido, pero también interpretado por un Vincent Price sacado del infierno, consiguiendo agarrarnos al sofá con simples diálogos profetizados totalmente inquietantes en una tétrica situación de amenazas sobrenaturales “made in” Poe bastante conseguida. Y es que otra vez más Vincent Price nos regala una espléndida interpretación, misteriosa y a ratos desconcertante, encarnando a un imponente personaje poco definido en su favor, pero que consigue llamar la atención gracias a su carácter arrogante pero con diálogos cargados de poesía, llegando en el tramo final de la película a desnudarle y descubrir que realmente es una persona llena de miseria y penosidad. Alguien que se sostiene entre dos mares, entre el bien y el mal, alguien de dudosa procedencia que se oculta detrás de unas gafas de sol y se defiende con amenazas. Y estéticamente bastante pintoresco, con gafas de sol y un sombrero de copa, atribuyéndole de una gran personalidad visual.
El guión de Robert Towne nos conduce a la intriga del retorno de Ligeia, dotado con una gran cantidad de versos extraídos de la pluma de Poe, y que albergan tensión y pasión a partes iguales. Un guión aparentemente muy bien escrito pero que su desarrollo parece que vaya a trompicones, especialmente en su mitad, perdiéndose y sin conseguir arrancar otra vez hasta su tramo final. Incluso podemos ver referencias a los dos primeros cuentos del otro título del ciclo Historias de terror (1962): tanto “Morella” como “El gato negro” tienen elementos de ambas en La tumba de Ligeia, especialmente este último, con un gato negro que por fin le dignifican su estereotipo de malvado en una película. Este animal es quien conduce el terror, cumpliendo la función de “leit motiv de las imágenes”, quien marca el ritmo y la amenaza, algo que no pasa ni por asombro en su particular historia en Historias de terror.

Para acabar llegando al final, carente de clímax y quizás excesivamente “romanticón”, pero que ni mucho menos convierte el final en edulcorado. Un título que quizás podría haber dado más de si, que se va desinflando a partir de la mitad pero que contiene a la perfección el espíritu Poe y la puesta en escena de Corman, e incluso sus particulares telarañas.

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