viernes, 23 de diciembre de 2011

Cómo se hace una película (libro) - Claude Chabrol



Claude CHABROL-François GUÉRIF (2003). Cómo se hace una película. Alianza editorial, S.A., Madrid (2004)

Pág.: 90 páginas.


NOTA: 5.5









Para Claude Chabrol, ser cineasta implica querer "hacer cine", no "estar en el cine". Lo deja bien claro en Cómo se hace una película, un libro que puede generar la pregunta de si nos enfrentamos a un trabajo teórico sobre el arte de crear cine, o si bien se trata de una narración subjetiva sobre sus experiencias como director de cine. Una duda que nos puede hacer confundir, pero de fácil respuesta, ya que el hecho que no aparezca el signo de interrogación al final del título da a entender que nos encontramos ante una narración basada en sus experiencias como director. Porqué Claude Chabrol es alguien que ha crecido viendo cine clásico, que fue uno de los impulsores de la nouvelle vague, e incluso, ya de mayor, descubrió las posibilidades artísticas de la postproducción digital. Alguien que lo ha vivido todo, alguien sabio, alguien a escuchar. Una persona que ha vivido para el cine.

Este libro es el resultado de una serie de entrevistas que François Guérif (a la derecha) realizó a Claude Chabrol en el año 2002 en París, y que permitieron conocer dentro de un ambiente relajado y amistoso -incluso informal- la visión subjetiva del director francés acerca de cómo se hace una película. ¿Y cómo se hace? Chabrol se encarga de advertirnos en la primera página del libro que el cine es un arte que cada director pule "a su manera", y que, por lo tanto, su proceso constructivo puede no servir para todos. Pero este no debería ser el único aviso de Chabrol, ya que él no se pregunta a si mismo sobre la verdadera utilidad de este "manual" -si se me permite el atrevimiento-, en que en unas insuficientes 90 páginas se supone que el propio Chabrol aleccionará modélicamente a los lectores sobre cómo se hacen películas. ¿Funciona? ¿No funciona? La pregunta debería ser: ¿a quien va dirigido exactamente? El ambiente relajado del libro acaba hundiendo el contenido técnico, pero no el interés, que ya es lo que pretendía el autor. De hecho, Cómo se hace una película no es más que una conversación de bar entre el director y el entrevistador que ha acabado convirtiéndose en un libro, y claro, siempre cuando habla alguien de la talla de Claude Chabrol, todo estudiante de cine -que es probablemente quien se interesará por el libro- tiene que escuchar. ¿Entonces, si no es un estudio sobre el cine, es útil? Entre cerveza y cerveza el cineasta francés ha revisado cada uno de los ámbitos de una película con mayor o menor fortuna, pero que cualquier lector con estudios previos de cine rápidamente se dará cuenta de la poca profundidad de contenido, y como en ocasiones el libro termina convirtiéndose en algo demasiado básico, hasta el punto de obviar un riguroso análisis de determinados aspectos de una película como, por ejemplo, crear un buen sonido, o, por el contrario, dar relieve a ciertos puntos que no aportan absolutamente nada como el atrezzo, que Chabrol analiza explicando cuatro batallitas. Estamos ante un libro merecedor de ser artículo de revista anecdótico, para leer en el bus y a olvidar, dirigido a todos los amantes del cine que quieren -o no- dedicarse.

Sin embargo, me acabo sintiendo injusto al sacar valor a las palabras de un sabio. Es muy posible que el autor tampoco pretendiera hacer el "manual" definitivo sobre cómo hacer una película "de Oscar", porqué, tal y como dicen academias cinematográficas como la ESCAC, "el talento lo tienen que llevar los alumnos". ¿Qué es lo que posiblemente quiere Chabrol? Sencillamente lo que plantea al inicio, en la primera página: exponer su punto de vista, simplemente eso, un punto de vista que en ningún caso pretende presentarlo como base creativa para las futuras generaciones, ya que es un modelo muy subjetivo -tal y como he indicado antes-.

subir imagenesEntrando a valorar las palabras del maestro Chabrol (foto de la derecha), hay que reconocer que a ratos se hace curioso su punto de vista, con opiniones que sorprenden, críticas directas a otros directores, curiosidades perversas, y en general una visión cinematográfica que a ratos da la sensación de oxidada. Él hace una diferencia entre los "narradores" y los "poetas", dice que estos primeros cuentan historias sin mensajes específicos, ya que quieren dotar de una forma atractiva historias fabricadas por otros, simplemente, un grupo en el que se incluye. Los "poetas" son los que tienen una visión del mundo particular y que transmiten mensajes subliminales, con un potente espíritu dialéctico, pero que normalmente olvidan elementos expresivos como la dramaturgia, consiguiendo que este grupo haya creado "las peores películas de la historia del cine". Si bien es cierto que los "poetas" tienen una labor mucho más arriesgada, por intentar ser vanguardistas, el autor apuesta por una visión más práctica del oficio y, por tanto, renuncia a las "visiones del mundo". Y precisamente Chabrol repite en diferentes ocasiones en su libro que hacer cine en parte es para comer, pero, curiosamente, si revisamos sus orígenes como director vemos que, si él no hubiera formado parte de aquel grupo pionero y arriesgado de la nouvelle vague, nunca hubiera adquirido el prestigio que tiene ahora, ni tampoco el cine hubiera avanzado hacia nuevos horizontes. Es como si el cine moderno le fuera grande, hubiera envejecido y nos ofreciera una visión conservadora del oficio, clásica y poco arriesgada. Y apunta directamente a su compatriota Jean-Luc Godard -que aún sigue haciendo cine-, a no hacerse entender con sus espectadores.

En resumen, Cómo se Hace una película es un viaje por la visión subjetiva de uno de los cineastas más importantes que ha tenido el cine, paseándonos por cada uno de los ámbitos de la construcción de una película, como son el guión, montaje, iluminación, etc., con un análisis de cada uno de ellos planteado de una manera distendida e informal, incluso ocasionalmente de una manera políticamente incorrecta. Un libro curioso, fácil de leer, al alcance de todos, pero eso es precisamente lo que lo hace poco útil como manual, porque acaba entrando en un campo en el que no enseñará casi nada a cualquier interesado en hacer una película; ya que todos aquellos que pretendan aprender cómo hacer cine acabarán engañados sobre la cruda, difícil y compleja realidad del mundo cinematográfico. Aún diré más, tal y como dice el propio Chabrol, "cineasta" es quien siente la necesidad de serlo, no quien le gustaría dedicarse. Por lo tanto, estamos ante un libro puramente anecdótico y en ningún caso un manual para futuros profesionales.

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