jueves, 8 de diciembre de 2011

Ilsa, la loba de las SS - Don Edmonds, 1975




TÍTULO ORIGINAL: Ilsa, She Wolf of the SS
DIRECTOR: Don Edmonds
GUIÓN: Jonah Royston, John C.W. Saxton
AÑO: 1975
DURACIÓN: 96 min.
FOTOGRAFÍA: Glenn Roland
PRODUCTORA: Coproducción USA-Alemania
REPARTO: Dyanne Thorne, Gregory Knoph, Tony Mumolo, Maria Marx, Jo Jo Devile, George 'Buck' Flower, Rodina Keeler


NOTA: 7






No hace mucho que se estrenó la nueva obra de teatro de dramaturgo catalán Jordi Galcerán, ese director que arrasó en las taquillas del Teatre Nacional de Catalunya con “El método Grönholm”, y que estos días ha vuelto a ser noticia por la polémica surgida de su nueva obra. Se trata de una comedia en clave satírica sobre un tema tan complicado como es el terrorismo de ETA, surgida posteriormente a que el grupo armado decidiera abandonar la lucha armada. Y es algo que me ha hecho pensar sobre cuándo es posible aprovechar artísticamente y darle un sentido absurdo a un tema tan delicado, ya que podría herir sensibilidades. Al igual que el maltrato infantil o a las mujeres, al ser tristemente temas de actualidad gracias a los medios, son convertidos automáticamente en temas tabú y muy complicados de satirizar por miedo a la polémica. Es posiblemente esa necesidad de pasar página –que no olvidar- la que conduce inevitablemente a atrevernos a “jugar” creando piezas fílmicas al respeto, y disfrutar viéndolas sin sentir ningún tipo de culpabilidad, y con el nazismo ha sido más de lo mismo.

El asqueo que nos provoca pensar en el Holocausto, la vergüenza más vergonzosa de la condición humana, solamente puede ser disfrutable por nosotros –y a la vez con el máximo respeto- si se emplea cinematográficamente hablando una hipérbole de lo que sucedió. Porqué se pueden hacer dos cosas, o bien narrar melodramas en el contexto del suceso polémico –en este caso el nazismo-, o bien indagar en el campo de la explotación en que ni se respeta el contexto histórico ni tampoco se intenta dar seriedad al producto.

Ilsa, la loba de las SS entra dentro del campo explotation, incluso me atrevo a decir que es el estandarte de este tipo de cine, empleando un contenido retorcido del pasado, asqueroso incluso, obviando así un rigor histórico por otro de tan exótico que solo consigue excitar y arrancar ampollas a la vez como es la naziexplotation. Y esto es algo que en el conjunto físico del film, visto hoy en día, es difícil de evaluar, ya que solo tiene interés para los más fieles seguidores del género terrorífico, porque en el fondo, pese a mi profundo amor a la película, es un auténtico fracaso artístico, pero no por ello mala, ya que no es pretenciosa y hoy se hace incluso entrañable.

Es algo que queda muy claro al principio de la película cuando descubrimos que bajo el sobrenombre de Herman Traeger, productor de la película, no es ni más ni menos que David F. Friedman, creador junto de la mano de Herschell Gordon Lewis de nuestro querido gore con la genial Blood Feast (1968). Pero también responsable de cantidades inacabables de películas basura con mujeres de delanteras voluptuosas al más puro estilo Russ Meyer. Por lo tanto, un cine divertido, cachondo, enfermizo, y nunca para tomarlo en serio. Y es que este tipo (Friedman), a los años 70, empezaba a sentir vergüenza de su currículum y empezó a usar sobrenombres como este, Herman Traeger. Pues bien, según él, la película trata de un suceso histórico realista –que no real-, y, lo es? Se hace complicado contestar a la pregunta, pero lo que si es cierto es que la inspiración contextual de los experimentos al campo de concentración si son ciertos, y que inevitablemente se pueden hacer ciertos paralelismos. Posiblemente la inspiración del film nace de Ilse Koch, la esposa de un comandante de un campo de concentración situado a la población de Buchenwald. Su marido, Karl Kock, era conocido por practicar diferentes métodos de experimentación médica con los prisioneros, y el trabajo que ocupaba su mujer consistía en aplicarles diferentes técnicas de castigo y tortura. Se dice incluso que, Ilse, creaba objetos con la piel de los prisioneros al más puro estilo Ed Gein, ganándose sobrenombres como “la bruja de Buchenwald”. Sin duda, fue una de las personas más despiadadas de los campos de concentración nazi.

Es algo bastante subjetivo, creo, pero las reminiscencias a Ilsa personalmente son inevitables más allá del parecido del nombre.

(Ilsa - Ilse Koch)

Que tal Ilsa la loba de las SS? Rápido de contestar: 4 decorados, mujeres semi-desnudas por todas partes y un técnico de FX. Con eso, una cámara para grabar, y un equipo de audio ya podríamos rodar la película. Y aunque podamos pensar a priori leyendo esta reseña que estamos ante una mediocridad, precisamente es lo contrario, su humildad la hace fuerte e interesante, porqué sabe lo que nos quiere ofrecer y nunca intenta abarcar más de la cuenta, solamente excusas para mostrar nazismo, sexo y violencia. Un cine ligero, sencillo, simple pero sano, como una infusión, que cuando tenemos dolor de barriga puede ser muy sustanciosa, pero como espectadores que somos, debemos tomar comida muchísimo más sustanciosa aún si queremos estar bien alimentados. Porqué en el fondo, no dejo de hablar de una película de esas en que, gracias a ella, somos capaces de observar mejor los logros de otras grandes película de verdad, y es por eso mismo –entre otros tantos motivos- por lo que adoro este cine, y si encima es capaz de hacerme divertir y desconectar es que el objetivo de los productores de la película se cumplieron.

La película como comentaba, es una mezcla entre placer y ciencia, pasado por el tubo del cine de terror y llevada al extremo que te permite el cine exploitation. En concreto nos cuenta la teoría que en su momento Ilse Koch defendió: la posibilidad de que la mujer pueda incorporarse a la batalla porqué es más propicia a aguantar el dolor, pero para ello habría que demostrarlo a base de un seguido de experimentos dolorosos y brutales. Pero eso solamente es la línea de investigación personal de Ilsa, ya que en el campo, aparte, se hacen investigaciones médicas para probar nuevos medicamentos, torturando así a sus inquilinos en nombre de la guerra. Y es que según Ilsa, servir al tercer Reich debería ser un orgullo para todos los prisioneros del campo, ofreciendo sus cuerpos a la ciencia y así poder ayudar a salvar miles de vidas para el bien de Alemania. Pero para los hombres prisioneros hay otro destino, Ilsa les demostrará su supremacía sexual acostándose con cada uno de ellos para luego, en caso de no dar la talla, ser castrados sádicamente.
Por lo tanto, una protagonista con un apetito sexual voraz y mentalmente enferma acaba dando vida a la película, vaya, una de esas salvajadas que tanto nos gusta, básicamente por ser nada pretenciosa y si muy directa.

La encargada de dar vida a Ilsa se trata de Dyanne Thorne, una mujer que estuvo siempre ligada al exhibicionismo como modelo pin-up y al cine explotitation. Se cuenta que una actriz rechazó el papel instantáneamente al leer en el guión que tenía que hacer una “lluvia dorada” a un comandante de las SS, algo que no le importó en absoluto a Thorne. Físicamente imponente, con unos grandes senos, rubia, y en general una chica que parece haber sido extraída del cine de Russ Meyer, alguien muy de moda en aquellos tiempos.

Volviendo al film, Ilsa conocerá a un prisionero llamado Wolfe (Gregory Knoph), de raíces alemanas pero nacido en EEUU, y que posee un talento que nuestra Ilsa nunca ha experimentado: la capacidad de controlar las eyaculaciones. Si, es alguien que despierta la curiosidad de Ilsa, ofreciéndole así la posibilidad de acostarse con ella, lo que le conducirá a un placer inimaginable. Pienso que puede ser interesante rescatar el diálogo que les hace conocer:

-Ilsa: Os consideráis hombres? No veo hombría entre vuestras piernas! Y tú, alemán bastardo, es fácil ver que tu sangre está contaminada, esa no es la constitución de un verdadero ario.
-Wolfe: El tamaño no lo es todo, comandante.
-Ilsa: Crees que no? Ya veremos.

Wolf, salvará su pellejo –o mejor dicho, la de su miembro-, e incluso empezará a mantener una relación puramente sexual con Ilsa convirtiéndose así en la única persona capaz de tratar humanamente con la loba.

(La escena del diálogo)

Al resto de prisioneros les tocará vivir un infierno, y que como espectadores podremos disfrutar como cerdos viendo torturas muy muy desagradables, como por ejemplo la inyección a las víctimas de bacterias que conllevan enfermedades como la sífilis o la gangrena, para así poder usar los posibles remedios experimentales. Por lo tanto, no serán más que conejillos de indias en manos de las SS, pero para Ilsa, ocasionalmente estas torturas y experimentos se convierten en algo personal, placentero, atribuyéndose así un carisma extra al personaje tan delicioso como espectadores de cine extremo que somos. Por ejemplo –aparte de las bacterias o castraciones-: penetrar consoladores electrificados, torturas con la presión del aire, a ver quien sobrevive más tiempo en agua hirviendo,… etc. Un espectáculo salvaje no apto para los corazones más débiles.

Por lo tanto, los elementos que nos ofrece la explotation es indagar en lo morboso –o repugnante- de lo sucedido al campo de concentración, y sobretodo el sexo, mucho sexo. Acaso es normal que 4 chicas de las SS practiquen sus torturas desnudas de cintura arriba? Esa es la rutina de la película. Aunque de ningún modo podemos acusar al film de pornográfico, ya que nunca se muestran genitales en las escenas de sexo más allá del cabello púbico de la mujer, y eso es lo que convertiría la película en pornográfica. Pero si que el film intenta mostrarnos un universo erótico en que los papeles de dominación se han invertido, gobernando así mujeres uniformadas de SS y el campo solamente vigilado por hombres soldado. Incluso los hombres prisioneros son sodomizados por mujeres, con frases por parte de Ilsa como “quien se acuesta conmigo no vuelve a hacerlo con nadie más”, y claro, nuestra querida Ilsa acaba castigando a sus amores con brutales técnicas de castración sin anestesia, flagelaciones, consoladores de descargas eléctricas, el bondage, o la ya citada “lluvia dorada”. Por lo tanto, esta película de Don Edwards profundiza en un universo sadomasoquista llevado al extremo.

Me gustaría destacar también que pese a los más de 35 años transcurridos desde el estreno de la película hasta hoy, sus efectos especiales a cargo del desacreditado Wayne Beauchamp y también del encargado de maquillajes Joe Blasco, merecen un aplauso por seguir siendo frescos. No han envejecido prácticamente –a excepción de la sangre, que a ratos es excesivamente rojiza y sintética-, y es que no hay que olvidar que estamos hablamos de un título de presupuesto ínfimo, algo que tiene mucho mérito hoy en día. Ambos son personas muy ligadas al género fantástico, y que grandes títulos como Phantasma (Don Coscarelli, 1979) o Maniac cop (William Lustig, 1988) les deben las gracias, especialmente a Wayne Beauchamp. Incuso para Beauchamp éste fue su primer trabajo pese a estar desacreditado –incluso hizo un cameo como prisionero-, y que posteriormente trabajó en más de 150 proyectos siguiendo hoy en día en pie de guerra.

Un película mediocre, si, pero disfrutable en su conjunto por no querer abarcar campos de los que nunca sería aceptada, donde fracasaría en el intento. Y eso la llevó a 3 secuelas más: Ilsa, la hiena del Harén, repitiendo en la dirección con Don Edwards y que pese al bajón acusado básicamente por repetición de esquemas sigue manteniendo el espíritu gamberro de la original; luego vendría Ilsa, la tigresa de Siberia, con algo menos de gore y sexo y notablemente inferior a las otras dos; y finalmente otro título que en principio no tiene nada que ver con la saga –de hecho es una película no-oficial- llamado Ilsa, the wicked warden, de la mano de prácticamente siempre inepto Jesús Franco que consiguió un lamentable resultado. Pese a manifestarse en ambas un bajón escalonado siempre resultan interesantes, y es que Dyanne Thorne consiguió bordar uno de los papeles más inolvidables que ha podido regalarnos el cine.

Por si hay alguien interesado, puedo recomendar algún que otro título muy relacionado con las naziexploitations algo subiditas de tono, muy del tipo Ilsa, que quizás puedan picar la curiosidad. Esa fue una mezcla bastante de moda en los 70, con películas infinitamente apestosas por lo malas que eran, aunque vistas hoy en día son incluso entrañables, normalmente provinentes de Italia. Por ejemplo La bestia en calor (1977) de Luigi Batzella, autor de otros bodrios que también estaban cargados de sexo y bastante violencia. También cosas como SS experiment camp, de Sergio Garrone, un tipo que trabajó bastante con Klaus Kinsky en algunas películas. O dos títulos por parte del irregular –que ya es ser muy bueno- Bruno Mattei: SS campo de sexo y violencia; u otro título muy parecido aunque descontextualizado del nazismo como es The Jail: A woman’s hell.


4 comentarios:

  1. Explotation a la maxima potencia, llege atambien a ver la de Siberia pero ahi pare.

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  2. No están mal, pero sin duda van aterrizando en cuanto a calidad, la buena es esta! Eso si, al del tío Jess ni por asomo jeje

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  3. No me gusta su traje de oficial de la SS, que yo sepa no eran exactamente asi.
    Verdaderamente me dan ganas de ver esa pelicula.
    n.n

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  4. Naziexploitation casposa y con regusto entrañable, y con una Dyanne Thorne más explosiva y mala que nunca.

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