Asesinos en serie, en el cine: Albert Fish


Era difícil de imaginar que este abuelo indefenso de 65 años, con una cara demacrada, con un cuerpo encogido y castigado por su edad, con cabello y bigote gris, que demostraban su adelantada edad, unos ojos tímidos, podía esconder una personalidad como la que revelaba su informe psiquiátrico: sadismo, masoquismo, castración y autocastración, exhibicionista, canibalismo, voyeurismo, pedófilo, homosexualidad y fetichista.

Fue bautizado bajo el nombre de Hamilton Fish el 19 de mayo de 1870, en Washington D.C. En su familia existen numerosos antecedentes de perturbación mental, empezando por su madre, que oye voces por la calle y tiene alucinaciones, también dos de sus tíos están internados en un psiquiátrico, una hermana demente, un hermano alcohólico, etc.

A los 5 años murió su padre, de ese modo su madre internó a Fish en un orfanato mientras ella trabajaba por mantenerse. Allí fue donde el pequeño Fish empezó a pulirse como asesino, ya que el conjunto de niños eran frecuentemente expuestos a maltratos y abusos en el orfanato, y Fish siempre consideró que era de los únicos que anhelaba que llegara la hora de los cueros (torturas). Des de aquel momento ya era un pequeño masoquista. Fue creciendo, y prensa se convirtió en una de sus pasiones, ya que coleccionaba recortes de todos aquellos asesinos en serie caníbales con los cuales se sentía identificado.

A los 15 años se graduó a la escuela pública, y se cambió de nombre, cansado de las burlas de sus compañeros que le denominaban “Ham and eggs”. De aquí salió el nombre de Albert Fish.

A los 20 años mantiene relaciones homosexuales y ejerce la prostitución homosexual en Washington, dónde viola un niño y asesina su primera víctima.

En aquella época empieza a sufrir alucinaciones de tipo religioso y vivió obsesionado con la idea del pecado, creyendo que la única forma posible de expiación es a través del sacrificio personal y el dolor.

Él mismo se inflige castigos masoquistas automutilándose, frotando por su cuerpo desnudo rosas con espinas, clavándose agujas de marinero en la pelvis, en las ingles y a los órganos genitales, también agujas clavadas entre las uñas y la carne... en una ocasión lo sorprendieron a su habitación completamente desnudado, masturbándose con una mano y con la otra mano golpeándose la espalda con un palo del que sobresalían clavos, mientras iba gritando de dolor y su sangre se derramaba por la espalda.

Al 1898 se casó con una chica que tenía 9 años menos que él, y de aquel matrimonio salen seis hijos. Sorprendentemente Albert Fish fue un buen padre para ellos. Esto quiere decir que no los agredió ni abusó sexualmente. Eso si, los niños fueron presentes a numerosos actos extraños y masoquistas por parte del padre. Su mujer acabó por abandonarle e irse con su amante: un tal John Straube.

Según él, en alguna ocasión afirmaba que él era Jesucristo, que San José le hablaba, y que el mismo Dios le ordenó cometer sacrificios humanos. Con semejante ponorma psicológico acabó internado hasta tres veces en un hospital psiquiátrico, dejándolo salir al poco tiempo, considerando que no estaba loco ni era peligroso, sino que simplemente sufría una personalidad psicopática de carácter sexual.

Con el tiempo cometió pequeños delitos, como robos y estafas, hasta ocho veces se le detuvo, pero aparte de esto, la policía de Nueva York tardaría hasta seis años para poder inculparlo de asesinato.

Fish establece que su segundo asesinato en 1910 a Wilmington Delaware, cuando despacha a un hombre de su trabajo. Pese a eso, sus hijos reiteraban el cambio drástico que hizo su padre cuando su madre los abandonó, inconscientes que su mente perversa procedía de una infancia truntuosa. Parece que Fish sufría regularmente alucinaciones y sus hijos le vieron varias veces subirse al tejado, levantar el puño hacia al cielo y gritar: “Soy Cristo!...”.

-Palabras de Albert Fish:
Escuchaba voces que me decían cosas y, cuando no las comprendía todas, intentaba interpretarlas con mis lecturas de la Biblia... entonces supe que habría que ofrecer uno de mis hijos para purificarme a los ojos de Dios, de las abominaciones y de los pecados que he cometido. Tenía visiones de cuerpos torturados en cualquier lugar del infierno...”

Albert Fish fue capturado por la policía el 13 de diciembre de 1935, y lo consiguieron gracias a que envió (Fish) una carta a la madre de la víctima secuestrada, dónde le explica sus aficiones por el canibalismo y como se decidió a probar carne humana por primera vez con el cuerpo de su hija.

"Querida Sra. Budd:

Al 1894 un amigo mío se embarcó como ayudante de cubierta en el barco de vapor Tacoma, siendo el capitán John Davis. Navegaron de San Francisco a Hong Kong. Al llegar allá, él y otros dos marineros desembarcaron y se fueron a emborrachar. Una vez volvieron a puerto, el barco se había ido. En este tiempo en la China se sufría mucho hambre, cualquier tipo de carne costaba de 1 a 3 dólares la libra. Tanto era el padecimiento de los pobres que los niños menores de 12 años eran vendidos como comida, con el propósito que los demás no murieran de hambre. Un niño o niña menor de 14 años no estaba seguro en las calles. Uno podía ir a una tienda y pedir carne, costillas o bistecs, y al mostrador era traída alguna parte desnuda del cuerpo de un niño porque escogiera el cliente lo que más deseara. El culo del niño o niña, que es la parte más deliciosa del cuerpo, era vendido como una gran pieza a un precio alto. John permaneció en aquella tierra por mucho tiempo, hasta el punto de tomar gusto por la carne humana. A su regreso en Nueva York secuestró dos niños de 7 y 11 años. Los llevó a su casa, dónde los desnudó. Quemó todo lo que llevaban encima. Varias veces durante los días y las noches les apaleaba y torturaba con el objetivo que la carne les quedara buena y tierna. El primero a matar fue el niño de 11 años, puesto que tenía el culo mas grande de los dos, es decir, tenía la mayor cantidad de carne. Cada parte de su cuerpo fue guisada y comida excepto la cabeza, los huesos y las vísceras. Todo lo fue hirviendo, friendo y guisando. El niño pequeño fue el siguiente y pasó por el mismo proceso. Por este tiempo yo vivía al número 409, muy cerca, por la parte derecha. Tan rápido me decía lo buena que era la carne humana, y me hice a la idea que debía probarla también. El domingo 3 de Junio de 1928 toqué a su puerta en la 406 oeste y la calle 15. Llevaba queso y fresas, y tomamos el desayuno juntos. La Grace se sentó en mi regazo y me besó. Me propuse comerla. Bajo el engaño de llevarla a una fiesta le pedí que le diera permiso, y usted estuvo de acuerdo. La conduje a una casa vacía que había escogido con anterioridad a Westchester. Cuando llegamos allá, le pedí que permaneciera fuera. Mientras ella recogía flores, subí las escaleras y me saqué toda mi ropa. Sabía que si no lo hacía así, podría mancharla de sangre. Cuando todo estuvo listo fui a la ventana y la grité. Me escondí hasta que estuvo al salón. Al verme desnudo empezó a llorar y trató de escaparse por las escaleras. La sujeté y ella dijo que le diría a su mamá. Primero la desnudé, y empezó a golpearme, arañar y me mordió! pero la asfixié hasta matarla. Después la corté en pequeños trozos para poder llevar la carne a su sitio. Guisé su bonito y delicioso culo. Tardé 9 días a acabar todo su cuerpo. De haber querido, hubiera tenido sexo con ella, pero no quise. Murió siendo virgen."

subir imagenes
(Grace Budd)

Según estimaciones policíacas, Fish pudo atacar una cifra próxima a las 100 víctimas. Y según el mismo criminal, llegó a agredir aproximadamente a 400 personas. Cómo he dicho antes, los niños son la principal atracción de su show de violencia. Que todo sea por mandato de Dios, puesto que él tenía por misión castrar los niños.

El propio Fish reconoció: “no estoy loco, sólo soy un excéntrico. A veces ni yo mismo me comprendo”. Aquí podemos ver como su subconsciente es el que le dice que haga las cosas, los actos de barbarie, todo y su oposición real. Podemos apreciar así la descoordinación de su cabeza.

Una vez detenido confesó que no sólo atacó, sino que también agredió con crimen incluido, y el resto de locuras que hizo durante toda su vida: su deseo irresistible de comer carne cruda a las noches de luna llena, que le daría la palabra del “Maníaco de luna llena”, sus crímenes más brutales, algún acto de vampirismo, como el caso de un niño de cuatro años al cual pegó con correas de cuero hasta que le cayera la sangre por sus piernas, después le cortó las orejas, la nariz y los ojos, le abrió el vientre y recogió su sangre para bebérsela a continuación, además de desmembrarlo y prepararse un estofado con las partes más tiernas.

También confesó las emociones que experimentaba al comerse sus propios excrementos, y el placer que le daba introducirse trozos de algodón mojados de alcohol dentro del recto y tomarle fuego.

(29 agujas (algunas de ellas oxidadas) a la pelvis, ingles y órganos sexuales)

Eran tantas las cosas increíbles narradas por este asesino en serie que el doctor Wertham no podía creerlas juntas, especialmente las agujas y diversos pinchos a la área comprendida entre el escroto y el ano, de tal manera que algunas ya no pudo sacárselas de nuevo. Al hacer la radiografía correspondiente se pudo confirmar esta información. 29 agujas, y algunas de ellas oxidadas.

Durante el juicio quedó probado que realizó todo tipo de perversiones con más de 100 niños, matando además de 15. Se descubrió también su extraño gusto por hacerse daño a si mismo.

Estas declaraciones le costaron a Fish la sentencia de culpable por crímenes con premeditación. Tras diagnosticarlo psicótico.

Fue condenado a la silla eléctrica y ejecutado a la prisión de Sing Sing el 16 de enero de 1936.

Cuando se le preguntó una cifra exacta de sus víctimas, él respondió riendo: “Al menos un centenar”.

Alber Fish se trajo a su tumba el mayor secreto de su vida, el número de víctimas que asesinó. Las opiniones de los psicólogos son discutidas, unos hablan de varios centenares de víctimas, mientras que otros dicen que no hubo más de 50. Finalmente se le acusó de haber asesinado un total de 15 niños, la mayoría procedentes de las zonas más pobres de la población.

A la hora de morir a la silla eléctrica, estuvo contento en el momento que los guardas le ponían los electrodos, se le veía entusiasmado.

“Qué alegría poder morir a la silla eléctrica. Será el último escalofrío. Es lo único que no he experimentado...”

(Albert Fish antes de morir)

(Extraido del artículo "Asesinos en serie" publicado en www.aullidos.com por un serviror: http://www.aullidos.com/leerarticulo.asp?id_articulo=112)


ADAPTACIONES CINEMATOGRÁFICAS

En cuanto al cine, Albert Fish ha sido un asesino muy poco explotado tristemente. Pese a ser de sobras conocido por una popularidad ganada a pulso, da la sensación que la realidad ha superado durante décadas a la ficción y pocos han sido los atrevidos a relatar las experiencias del abuelo caníbal. Esa frontera se superó en 2003 con La casa de los 1000 cadáveres , en que de la mano del cantante Rob Zombie, debutando en el séptimo arte, se atrevía con una violenta y bizarra película en que uno de sus villanos, el Capitan Spaulding, un payaso que indudablemente bebe de otro asesino como es John Wayne Gacy, nos conducía por una de sus atracciones que habitan en su negocio. Se trata del “Paseo de los asesinos”, y allí diferentes asesinos en serie, como Ed Gein, serán recreados con figuras a tamaño real y marionetas, mostrándonos algunos de los actos bárbaros que atribuyeron popularidad a éstos. Entre ellos se encuentra Albert Fish, en que le veremos con un cuchillo amenazando, mientras el Capitan Spaulding nos deleita con una grotesca –pero auténtica- descripción del asesino.

Más centrado en Albert Fish se encuentra esa especie de biópic llamado con el mismo nombre del asesino: Albert Fish (John Borowsky, 2006). Posiblemente fue la justicia que se merecía un personaje que puede dar para tanto, o almenos aparentemente, ya que lo cierto es que se trata de un producto que se queda a medias tintas sin saber exactamente a que público dirigirse. Es un film que experimenta con una especie de falso documental que se dirige hacia una reconstrucción dramatizada del asesino, vaya, un producto que no va a satisfacer ni a historiadores ni a cinéfilos, y lo cierto es que las críticas en general han sido bastante negativas. Su título real es Albert Fish: In Sin He Found Salvation, más centrado en documentar los sucesos reales, pero lo dicho, un filme que se queda a medias tintas.

Para los que busquen la casquería de los sucesos reales, además de esa especie de documental superficial, también hay una película 100% ficción, titulada The Gray Man, datada en 2007 y dirigida por Scott L. Flynn. Se trata de una película que intenta ceñirse a los hechos reales, pero considero que peca demasiado de amabilidad a la hora de retratar los hechos reales, algo muy similar a lo que le ocurrió Citizen X. Ambas son buenas películas, pero películas de sobretarde, y coñe... que los actos de Albert Fish (y también los de Chikatilo) sobrepasan las pesadillas! Igualmente como película se deja ver, es entretenida, y seguramente gustará a un amplio público. 


Pese a ello, es importante mencionar que aunque no podamos degustar un producto 100% Fish, el cine no se ha apartado excesivamente del currículum y perfil psicológico del asesino, de hecho innumerables personajes del género de terror han tenido que beber de él, ya que es una persona que da para mucho. Es por eso posiblemente que Hannibal Lecter sea uno de ellos, ya que comparte gustos como la pasión por la carne humana, la inclinación sadomasoquista y cierta sofisticación en su crueldad. La primera adaptación cinematográfica de Lecter se basó en la novela Dragón rojo (Red Dragon, 1981) escrita por Thomas Harris, llamada Manhunter (Michael Mann, 1987), aunque en un papel secundario. En ella aparece en algunas entrevistas para así el protagonista poder sacarle información. Con sinceridad, un aburrimiento sin fin, sin interés, ni siquiera fue bien en taquilla, y encima no sale ni Anthony Hopkins a favor del irregular Brian Cox, así que totalmente prescindible. Nada que ver con la posterior adaptación de la novela, Dragón Rojo (Brett Ratner, 2002), con mucho mejor ritmo y puesta en escena, y encima ya con Anthony Hopkins.

Anteriormente pudimos ver la obra maestra El silencio de los corderos (Jonathan Demme, 1991), uno de los mejores thrillers de la historia del cine, intenso, inquietante, aterrador. Hopkins consiguió el papel de su carrera, e incluso ayudó a conseguir 5 Oscars (película, dirección, actriz (Jodie Foster), actor y guión adaptado).

Finalmente solo me queda por mencionar el último capítulo de la saga Lecter, la última adaptación novelística que publicó Thomas Harris en 1999: Hannibal (2001), esta vez dirigida por Ridley Scott. Como curiosidad está que Jodie Foster rechazó el personaje y fue sustituido por una Julianne Moore más que aceptable, pero que no ayudan a salvar los muebles a una película que fracasa en el intento, ya que se desmonta la naturaleza del asesino por otra más heroica.

De la precuela mejor ni hablar.

Comentarios

  1. YA lo había leído por Aullidos, está muy currado, desde luego =)
    Es una pena que no se haya explotado más a este personaje, se habrían podido sacar pelis con mucho mucho jugo...

    ResponderEliminar
  2. Es una pena, si, pero bueno, supongo que los productores son conscientes que tienen una mina de oro allí medio explotada por el Dr. Lecter, así que siempre le tendrán allí. El problema es que no es propiamente un asesino, y eso limita mucho el contenido seguramente, es que Albert Fish tiene un currículum brutal!!! un enfermo en toda regla.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario