Asesinos en serie, en el cine: Ted Bundy



Al igual que Albert Fish, Ted Bundy es un asesino realmente poco explotado en la cinematografía pese a poseer, éste sí, un carisma mediático bastante elevado en la sociedad americana. Curiosamente su mayor asiduidad en el audiovisual se centra en la televisión, en telefilms habitualmente surgidos de adaptaciones literarias y que ello conlleva –lógicamente- las restricciones típicas en cuanto a censura. De ese modo se enmascara un contenido base de carácter violento y agresivo, por otros más de investigación como el que hizo Hannibal Lecter en El silencio de los corderos, por ejemplo.

Es por eso que posiblemente el único título que se puede considerar un biópic con todo su esplendor y violencia sería la película del título homónimo Ted Bundy, dirigida en el año 2002 por Matthew Bright, responsable de títulos como la policíaca Freeway (AKA Sin salida, 1996). Sin ser una gran película Ted Bundy consigue hacer disfrutar al espectador ausento de neofília, espectadores que buscan emociones fuertes en detrimento de los que desearían ver reflejado un buen retrato psicológico del asesino. Atribuyéndosele de este modo un cierto carisma dentro del cine slasher mientras repasamos su carrera psicopática. Criticable? No estamos ante un documental, hay libertad creativa para desarrollar la historia base, y aunque sea cierto que el retrato psicológico del asesino no sea el más fiel sí que se ha bordado un personaje puramente cinematográfico y de género totalmente disfrutable. Incluso su final alberga una escena durísima y cruelmente dilatada de cara al espectador, una muestra de la morbosidad que ha depositado el director Matthew Bright y que para el espectador amante del género de terror no será más que una delicia sublime.

(Ted Bundy en plena violación)

De todos modos sí que es cierto que no llega a la altura de la miniserie televisiva Deliberate stranger, dirigida por Marvin J. Chomsky, tal como explicaré más adelante. En el presente título de Matthew Bright también la historia se situará inicialmente con un Bundy estudiante, empezando sus primeros crímenes, por lo tanto con una psique ya aberrada tal y como se puede ver en distintas ocasiones al principio de la película (como las escenas de la masturbación en la calle o la de la discoteca). El encargado de encarnar a Ted Bundy fue Michael Reilly Burke, que recientemente pudimos verle torturado en la excelente The Collector. En este caso él será el mal, un psicópata mucho más malvado que el del telefilm Deliberate Stanger (interpretado por Mark Harmon), algo lógico teniendo en cuenta las permisividades que puede ofrecer el cine. Pero lo cierto es que más allá de la maldad gráfica que el director le pueda atribuir en cuanto a FX o escenas de violencia, Michael Reilly Burke borda un fantástico –aunque dudoso- retrato del asesino, más malvado que nunca y de aspecto agresivo y aberrado. Pese a ello, sí que hay escenas -como la del espejo donde hace muecas-, que acaban por potenciar un retrato de Bundy de “inadaptado” o “antisocial”, cuando precisamente el misterio y carisma del asesino reside en su frialdad, en ser alguien totalmente opuesto a esa imagen cruda y extraña, enferma, en vez de alguien totalmente socializado, alguien con una vida “normal”. Pero no son más que detalles que aunque entorpezcan un retrato verídico sí que acaban por endulcir una película disfrutable en su conjunto, violenta, y sobretodo fiel en cuando a sucesos. Porqué más allá de esos detalles narrativos impropios del asesino, si que éste Bundy alberga el monstruo interior que aparecía en ocasiones, algo bien mostrado y con cierta retórica –por ejemplo- en la escena de sexo entre él y su novia Lee, en que él mismo se da cuenta que desea hacer lo que su mente le pide, es como si poco a poco su psique dejara de ser represiva con él, abriéndole camino a intensificar su doble vida.



Respeto a la citada The Deliberate Stranger, el punto de vista de la película sí que se centra en el retrato verídico de los sucesos. De hecho un telefilm le va como el anillo al dedo a Ted Bundy, un asesino que parece hecho a medida para este tipo de productos, y que las limitaciones en cuanto a contenidos violentos también se ajusta a lo permisible en una televisión. Esta vez encarnado por Mark Harmon, un habitual en subproductos y carnaza televisiva -pero que curiosamente por este papel llegó a estar nominado a un Emmy-, fue quien dio vida a un Bundy basado en el de la novela Bundy: The Deliberate Stranger (1980), escrita por Richard W. Larsen (y que no he tenido el placer de leer). Se trata de un telefilm de ni más ni menos que 185 minutos, aunque por suerte está dividido en 2 partes, una maratón que en este caso sí alberga correctamente los sucesos reales del asesino sin entrar en detalles morbosos. Y es precisamente esa narrativa propia de telefilm que involuntariamente dota al film de un espíritu documental, en que inicialmente se verá arrancada la historia con un Bundy maduro y universitario, igual que en Ted Bundy, utilizando el modus operandi habitual en él del cabestrillo para engañar a las mujeres. Pese a ello, también hay que reconocer que algunos asesinatos no se ajustan a la realidad, ya que se usan algunos pseudónimos y cuesta identificarlos. Pero en este caso, como he comentado anteriormente, si que hay un buen retrato de su personalidad, alguien común, agradable y simpático, pero con la tendencia ocasional a desdibujar esa imagen, tal como era Bundy.

Lo que si nos fijamos, el año que se estrenó la película se sitúa en 1986, 3 años antes de la ejecución de Bundy, motivos extra para dotarle de más popularidad e incluso podría ayudar a “justificar” las masivas cartas de amor que recibía el asesino mientras estaba al corredor de la muerte por parte de mujeres. Pese al revuelo social que causó asesino/película en 1986 Ted Bundy jamás mostró interés en verla. Este fue el contexto de producción de una película fiel al asesino pero condicionada a los valores y limitaciones propias de este tipo de cine televisivo tan descafeinado.


Obligatoriamente hay que seguir hablando de telefilms, como el de Un extraño a mi lado (Paul Shapiro, 2003) basado en una novela de Ann Rule editada en 1980. Ante todo he de decir que no he visto la película, pero la verdad es que la historia apunta maneras algo más que interesantes -si más no la novela-. La historia narra la experiencia personal de la escritora en plenos años 70 cuando seguía la pista de un asesino en serie que ya había matado a 8 chicas, y, ante la sospecha y miedo a que su hija sea la siguiente acaba pidiendo ayuda a su gran amigo: Ted Bundy. Un caso verídico, una experiencia real totalmente escalofriante en que lo inquietante está en imaginar que cualquier persona cercana a ti podría ser lo que no parece.

El encargado de dar vida a Ted Bundy sería Bill Campbell, un habitual en televisión y de algunas películas sin demasiado interés.

También hay otro subproducto mediocre televisivo como es El asesino de Green River (Bill Eagles, 2004) también fruto de una adaptación novelística. Su título es The Riverman: Ted Bundy and I Hunt for the Green River Killer, escrito por Robert D. Keppel, un antiguo colaborador del FBI y profesor de criminología que cuenta una experiencia personal muy parecida a lo vivido en El silencio de los corderos por parte de Hannibal Lecter, como fue una de las colaboraciones de Bundy con la policía, para así poder resolver el caso de Green River. El encargado de interpretar a Ted Bundy en esta ocasión se trata de Carey Elwes, un tipo que siempre recordaremos en el papel de Dr. Gordon por su valentía a cortarse un pie en la excelente Saw.

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