lunes, 9 de abril de 2012

Retrato escrito: Carmen de Mairena


Ferran Ballesta


Con una falta de tiempo realmente importante estos días, sumado a mi fijación por la mujer que habrá en este blog en las próximas entradas, y que la segunda parte del especial "No te metas conmigo, soy una mujer" aún se está cociendo, me veo obligado a salir del paso con una actualización de trámite. Simplemente he cogido a una mujer, que parece sacada del género fantástico pero no, es actriz, y simplemente le he hecho un pequeño retrato escrito. Nada del otro mundo, pero más que nada para mantener esto vivo.


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CARMEN DE MAIRENA:

Se trata de un ser atrapado dentro de un envoltorio mediático en forma de cuerpo humano, tan llamativo visualmente que nuestros ojos son incapaces de esquivar su presencia. Pero no estoy hablando de un monstruo, hablo de una persona, de una mujer presumida que siempre se maquilla pulcra y sutil, sin embargo, sometida a sus imperfecciones. Una persona de avanzada edad totalmente provocadora y moderna, que suele mostrar sus encantos tanto al cine como en televisión.

De su rostro se desprenden las secuelas de una batalla interminable en los quirófanos en busca de la perfección, y que evidencian una vida excesivamente preocupada por su presencia pública, estableciendo así unos resultados totalmente indignos. Tiene una cabeza redonda, pero a la vez voluminosa e hinchada, que delata el poco cuidado que ha tenido desde siempre con ella misma, con unos pómulos alargados y poco naturales, que revelan una madurez excesiva pero bien combatida. Hasta llegar a la nariz, un trozo de carne triangular perfectamente definido y puntiagudo que sirve para cerrar prácticamente unos agujeros realmente pequeños y cóncavos, que no le hacen muy fácil la respiración.

Los ojos son uno de los rasgos más llamativos y a la vez personales de esta persona. Unos ojos pequeños y oscuros como balas, escondidos bajo un manto de carne adornado con pintura tribal, que no hacen más que definir un segmento horizontal invisible de punta a punta de la cara, unos ojos caídos y tristes, y no sólo eso, sino también desprotegidos del sudor por ausencia de las cejas.

Y si seguimos escalando esta montaña humana erosionada, llegamos a unos cabellos teñidos de granate peinados con rabia, pero que a la vez desprenden un sentimiento de libertad espiritual que evidencian, junto con sus pinturas de guerra, un estilo de vida desbocado. Con el cabello mal recogido en las zonas más altas del cráneo, se funden algunos copos ligeramente ondulados, algunos destinados a convertirse en flequillo, y otros, situados en las esquinas, sirven para tapar las orejas. Unas orejas que acaban siendo disimuladas, pero que pierden la vergüenza al poseer unos pendientes dorados que acicalan esta persona con una falsa belleza.

Finalmente llegamos a los labios, carnosos hasta ser vomitivos, y que inevitablemente conviven con el resto de miembros faciales con una desigualdad que no hace más que evidenciar una falta de rigor a lo largo de la vida. Es aquí donde se delata la persona, donde se da carisma a su aspecto, y es que ya sólo se le puede pedir que se los pinte, que intente disimular la raza extraterrestre a la que pertenece con un sutil color rosa brillante indecente.

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