"Mujeres Guerreras" (parte 2.1)



Inicio esta segunda parte también centrada en los años 60. Pienso que era interesante separar en 2 partes (y quizás alguna otra más, centrada en la Hammer, pero que ya veré próximamente) y así de ese modo poder englobar esta vez películas que nos muestran familias desestructuradas y destructivas, si no autodestructivas, y con el aliciente que la mujer tiene un papel dominante.
Pero antes pienso que es interesante conocer el contexto histórico en dicha década, alrededor de mediados de los 60, en que los cambios en las unidades familiares eran cada vez más una moda dejando paso a nuevos modelos. En concreto, y añadiendo cifras al asunto, se pasó de una dinámica alcista que comportaba una media anual de medio millón de rupturas a la estabilización en torno a la cifra de 1.200.000 matrimonios quebrados desde 1980 y hasta 1994. Y es que en todo el mundo industrializado, el individualismo tomaba protagonismo y se alzaba con éxito contra las pretensiones tradicionales de los vínculos familiares.

Y como no podía ser de otro modo el cine tomó nota de estos cambios que estaba viviendo la sociedad para transmitirlos en su producción, y que llegaría a culminar ya en los años 70 con una radicalización de, podríamos decir, “metáfora social llevada al extremo” que ofrecía el cine de terror. Y es que las familias se iban destruyendo, ya nada volvería a ser igual en los hogares, y veríamos elementos tan extraños y bizarros por aquellos tiempos como las aportaciones de Roger Corman o la anticipada en su tiempo Spider Baby entre tantas otras. También la Hammer daría de qué hablar pero en otro àmbito: el destape, pero esto ya lo comentaré en la siguiente actualización.

¿Qué fue de Baby Jane? Es posiblemente uno de los títulos más interesantes de los 60, una obra maestra. La película dirigida por el mítico Robert Aldrich en 1962 nos cuenta hasta donde pueden llegar los celos de una mujer de avanzada edad con una carrera artística estrellada cuando aún era joven, por su carácter caprichoso y creído hacia la sombra de su hermana, ya que ella sí que consiguió la fama y éxito. Por tanto, se trata de una película que gira en torno a las dos hermanas: Baby Jane Hudson (una increíble Bette Davis haciendo quizás el papel de su vida), y Blanche Hudson, una también impecable Joan Crawford, que protagonizarán un duelo entre la neurosis de la primera y la razón de la segunda.Bette Davis acaba bordando un personaje interesantísimo, alguien que sufre alcoholismo, celosía, arrogancia, una enferma mental que sufre neurosis, todo simplemente porqué perdió la fama en beneficio de su hermana. Eso conducirá a que Blanche viva aislada del mundo a causa de un atropello provocado por parte de Baby Jane 27 años antes y que terminó también con su carrera, viviendo mal alimentada, incluso sufriendo palizas y burlas, pero que sobrevive gracias a que posee el dinero familiar que ganó con su éxito cinematográfico como actriz. Por tanto, Baby Jane es una mujer que vive obsesionada por volver a conseguir el éxito y la fama que perdió en beneficio de su hermana, que vive de su pasado, y que a lo largo del metraje esa obsesión acabará desembocando a un modo psicopático, de inconsciencia de la realidad, volviendo a ser aquella niña que fue al conseguir el éxito. Desea volver a ser aquella niña con fama que fue, cuando la gente la miraba y la aplaudía, o incluso compraba sus muñecas a tamaño real, y es que lo desea hasta el punto de matar y torturar a la gente que le obstaculiza su camino. Y sabéis que es lo mejor? Que Robert Aldrich, su director, le hace “conseguir” el éxito a Baby Jane, con un excelente final rodado de un modo sublime y con gran maestría.


El cine, como siempre, acabó tomando nota hasta nuestro presente, en que los jóvenes enamorados huían en busca de una vida mejor, huyen de las normas y obligaciones, y eso ha servido de fuente inacabable para el cine. Y entre esos productos podemos encontrar incluso títulos mucho antes de los 60, por ejemplo Los amantes de la noche, dirigida por el gran Nicholas Ray en 1948, varios años antes que su obra maestra Rebelde sin causa, curiosamente también ligada con jóvenes “rebeldes” (como no podía ser de otra manera). Pues bien, Los amantes de la noche nace de una adaptación literaria llamada Son ladrones como nosotros (Edward Anderson, 1937), que también sería adaptada (aunque muchos menos fiel a la novela con Ladrones como nosotros (Robert Altman, 1974). La pelicula, incluyendo también la versión del 74, debemos contextualizarla en la resurrección del espíritu del salvaje Oeste, donde los más desamparados vivían en estado de pobreza, y que para remediarlo no se les ocurre otra cosa mejor que atracar a bancos y a grandes empresas, demostrando su individualidad y conseguir la gloria, digámosle, atacando al sistema establecido. Una rebeldía que hay que sumarle el componente sentimental, una mujer siempre aparece, creando así un dúo de criminales subyugados por el amor que sienten mutuamente. Además, como no podría ser de otro modo, la justicia les perseguirá hasta el final. Por tanto, Los amantes de la noche, o mejor dicho, la novela Son ladrones como nosotros, sentó las bases de un nuevo tipo de cine que radicalizaría su contenido a partir de los años 60 aprovechando el clima de liberación de los jóvenes. Pero no todo nació de la pluma de Edward Anderson y sus "adaptaciones", ya que también una pareja de asesinos en serie que asolaron Nebraska en los años 50 (Charles Starkweather y Caril Anne Fugate) ayudaron a sentar las bases de un nuevo tipo de cine que perduraría hasta el día de hoy.

Una de ellas sería la interesante The Sadist (James Landis 1963), una curiosa película que nos narra como dos hombres y una mujer van a ver un partido de baseball con la mala fortuna que acabarán secuestrados por el loco asesino adolescente Charlie Tibbs y su novia Judy (Marilyn Manning). Una película que sabe potenciar un clima de tensión y violencia gracias en parte a su excelente fotografía en blanco y negro. Un título de serie B afectado aún por las reticencias de una industria cinematográfica a los excesos violentos de este tipo de cine, por no herir sensibilidades, pero que la dirección de Landis sabe exprimir sus posibilidades creando un ritmo narrativo ágil, ligero, y con esa pequeña puntilla de humor que nunca le va mal a este tipo de producciones. Y eso hace que la película tenga garra, que absorva al espectador y que sus pequeñas explosiones de violencia hacen de este título visto hoy en día de una rareza a descubrir. Incluso Sam Peckinpah aún se le veía reticente por aquellos interesantes años 60 a el alto grado de violencia que demostraría posteriormente en sus películas setenteras. Por eso he querido recuperar este título.
Pero no todo queda ahí respeto a Starkweather y Fugate, ni mucho menos! Aún tendrían que venir obras maestras de la talla de Bonnie y Clyde, dirigida por Arthur Penn en 1967, o la mucho más fiel al caso y excelente ejemplo de buen cine sería Malas tierras (Terrence Malick, 1973). Ambos son indiscutibles títulos de culto. Tampoco podemos olvidar las posteriores Corazón Salvaje, una joya menor dentro de la filmografía de David Lynch, pero no por ella carente de interés, ya que acaba aportando un tono de cuento de hadas grotesco muy disfrutable. También joyas ultraviolentas como Asesinos natos (1994), dirigida por el gran Oliver Stone y con un guión escrito en aquellos tiempos por un tal Quentin Tarantino, recuperando un espíritu mucho más criminal que el resto de producciones. Incluso Amor a Quemarropa, con un toque más convencional en que una pareja se ve asediada por unos gángsters, igual que en Asesinos Natos. Incluso se puede recuperar un título olvidado llamado Kalifornia, con Brad Pitt empezando a demostrar que servía para algo más que para enseñar su bonita cara, presentándonos una película en que se da más importancia a la psicología de los criminales que en la morbosidad de sus actos.

Pero, los 60 dieron para muchísimo más, y otro título demostraría lo que es realmente una familia desestructurada gracias a la influencia de un subgénero que poco a poco se iba cociendo: el American Gothic. Me refiero a la interesantísima Spider Baby (1968, Jack Hill), una joya en muchos casos a descubrir por ser un título totalmente adelantado en su tiempo, aunque en el fondo, lo es toda la filmografía de su responsable: Jack Hill. Este tipo fue el encargado de hacer interesantísimos títulos de la serie B, en especial blaxploitations como Foxy Brown o cosas extrañas como la curiosa The Warriors 2: las navajeras. Pero Spider Baby sería sin duda la mejor de todas, y que sin duda también ha sido otro de esos títulos influenciables en el cine de Rob Zombie, ya que esa atmósfera enfermiza y freak se respira durante todo el metraje. Incluso ya un jovencillo Sid Haig aparecía en el reparto!

La película nos cuenta como en mitad de la nada, en el campo, vive una familia disfuncional aquejada por una extraña enfermedad (síndrome de Merrye, tal como nos indica un presentador a lo William Castle, al inicio de la película) que los va degenerando progresivamente convirtiéndoles en psicópatas y caníbales. Posteriormente a esa presentación conoceremos a dos angelicales hermanas bastante guapas que en seguida descubriremos qué pié calzan, asesinando sin escrúpulos a un cartero que se acercó a la casa ejerciendo así su oficio. Un asesinato por puro placer, un placer adquirido gracias a ese extraño síndrome de Merrye, y que ejercen imitando el modus operandi de las arañas, como si de un juego infantil se tratara.
De ese modo conoceremos en Spider Baby a dos hermanas atractivas pero amenazantes, enfermas, pero con un punto de inocencia que las convierte en adorables. Para no fiarse.
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Pero el título que realmente nos relata a una familia desestructurada y con patrón matriarcal es Mamá sangrienta, una de las películas más desperdiciadas de Roger Corman. Sin duda una joya de lo bizarro que causó estragos en 1970 por su alta perversión, violencia, y que junto a un inquietante repertorio de personajes freaks –por no decir paletos- consiguen potenciar un delirio extravagante. De hecho, la película de Corman está basada en hechos reales, en que una mujer (interpretada en la película por Shelley Winters) crió de forma autoritaria a sus cuatro hijos, hasta el punto que, una vez ya mayores, la veneraban pero también la temían. La situación cambió radicalmente cuando la madre, Kate Barker, decide abandonar a su débil marido en busca de fortuna, o, digámosle de otro modo, delincuencia y crimen. Así empezó la carrera delictiva y en sí todo el repertorio de perversidades de la familia Barker.

No está mal pese a que ha envejecido lo suyo, aunque lo cierto es que vista hoy en día se nos queda corta al lado de otras maravillas que nos ofreció en su pasado Corman junto con la productora AIP, y es que pienso que quizás la película se quedó algo light en cuanto a contenidos violentos, algo que por ejemplo Spider baby, una película muy muy parecida a Mamá Sangrienta en cuanto a intenciones familiares y rodada 2 años antes sí que se lanzó a la piscina en este aspecto. Quizás los reducidos presupuestos de Corman que habitualmente disponía en sus películas limitaron los contenidos de ésta, quien sabe, pero lo cierto es que se queda algo corta.
Una historia interesante, plana, y que hay que saber contextualizar, con elementos de pura perversión y violencia in crescendo, que consiguen entretener lo suyo en una película de mafia, gángsters con leves toques de cine de terror. En cuanto al reparto tenemos a una Shelley Winters espectacular, dura, enferma, una verdadera ama de casa pero que quizás no acaba dando gala al título de la película; también un novato por aquellos tiempos como fue Robert de Niro haciendo de hijo yonki ya empezaba a demostrar de que calibre estaba hecho, incluso Bruce Dern aparece en el reparto. Vaya, un reparto de auténtico lujo.
Pero bien, no compensa, dejando al espectador “con ganas de más”, algo que quizás la anterior Bonnie y Clyde (Arthur Penn), con quien comparte ciertos paralelismos argumentales, sí que consigue explotar todas sus intenciones malhechoras igual que hacía Sam Peckinpah en sus películas, ambos un par de directores que nunca han escatimado en cuanto a violencia. Pero bien, pese a que es fácil que vista hoy en día nos quedemos con ganas de más, la película entretiene, y sobretodo Shelley Winters como siempre espectacular. Para acabar llegando a un final copiado (sic) en la escena inicial de Los renegados del diablo, curioso.

También en 1970, y siguiendo con la moda de familias psicópatas basadas en hechos reales, encontramos otro clásico esta vez quizás algo más oculto: Los asesinos de la luna de miel, una película terriblemente envejecida y que vista hoy en día ha quedado como un producto nefasto mire por donde se mire. Y aunque los manuales de cine nos indican que hay que saber ver los productos de serie B desde una cierta distancia para poder disfrutarlos, la verdad es que no hay más, es una película mala, con una factura técnica y artística ridícula, y que pese a ser un título que nace del bajo presupuesto lo cierto es que la dirección de ese tal Leonard Kastle podría haber sido muchísimo mejor.
La película nos cuenta la trayectoria criminal que una pareja de amantes desarrolló a lo largo de los años 50 en Estados Unidos haciéndose pasar por hermanos, y así estafar y posteriormente asesinar a mujeres ricas que Ray (el hombre) cortejaba, para así ganarse su confianza. Una vez con el dinero a su alcance, ya sea Ray, o bien Martha acabarán por deshacerse de la víctima matándola a sangre fría.
Como he comentado estamos ante un título menor y que visto hoy en día carece de total interés, pese a ello, he querido recuperarlo ya que en la película podremos ver a otra mujer asesina, incluso aún más que su amado. Se trata de Martha (Shirley Stoler), una mujer físicamente con sobrepeso y desacomplejada, y de carácter celoso, que en ocasiones llevará al extremo hasta el punto de amenazar a su querido Ray que se suicidará si descubre que éste mantiene relaciones sexuales con otras mujeres. De todos modos, se trata de un personaje que irá evolucionando a lo largo de la película, igual que Ray, ya que poco a poco iremos viendo como un par de vulgares asesinos de segunda acabarán convirtiéndose en psicópatas, y eso lo podemos apreciar cuando en una escena en que asesinan a golpes de martillo a una indefensa viejecita se excitarán y mantendrán relaciones sexuales. Es allí donde ambos, y en especial Martha, descubren su verdadera naturaleza homicida, obviando el temor a repetir el asesinato y sin importarles incluso atacar a niños indefensos.
De todos modos el guión es lamentable, no quiero engañar a nadie, lleno de baches, cambios de ritmo, escenas excesivamente repetitivas, poca imaginación; tampoco hay que olvidar unas interpretaciones de feria y un sonido más propio de un corto amateur, que no hacen más que conseguir que a ratos de gusto apagar el reproductor de DVD. De todos modos, curiosamente Los asesinos de la luna de miel también tiene sus defensores, incomprensible.

Como no podía ser de otra manera, ambos asesinos fueron ejecutados en la silla eléctrica, de ese modo supongo que Ray y Martha acabaron juntos por siempre jamás, disfrutando de una luna de miel al más allá conseguida a base de golpes de martillo.

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