miércoles, 3 de octubre de 2012

Kotoko - Shinya Tsukamoto, 2011

Ferran Ballesta
DIRECTOR: Shinya Tsukamoto
PRODUCTOR: Shinya Tsukamoto
GUIÓN: Shinya Tsukamoto
FOTOGRAFÍA: Shinya Tsukamoto, Satoshi Hayashi
MONTAJE: Shinya Tsukamoto
MÚSICA: Cocco
DISEÑO DE PRODUCCIÓN: Cocco
SONIDO: Masaya Kitada
FX: Mai Hanai
INTÉRPRETES: Cocco, Shinya Tsukamoto
NOTA: 7







Después de un extraño y discutible remake-secuela: Tetsuo: The Bulletman y de vivir inmerso ahora mismo en sus horas más bajas como director, Shinha Tsukamoto vuelve a la carga apostando por algo completamente distinto en su planteamiento a lo visto hasta ahora, pero que por desgracia no ha conseguido ser el golpe de efecto que quizás necesita su carrera. Se trata de Kotoko, una extraña película independiente -ojo a la ficha técnica- que ofrece un ejercicio dramático muy intimista de una relación amorosa, que poco a poco se irá dirigiendo hacia la autodestrucción de ambos miembros. En la película el espectador se sumergirá en la mente de su protagonista, Kotoko, una mujer con una extraña personalidad bipolar con tendencia a la destrucción en momentos de brotes psicóticos. Y por medio tenemos a su hijo, un bebé indefenso que acaba completando su pequeño círculo familiar.

El argumento del filme básicamente gira en torno a Kotoko –interpretada por Cocco, estrella del pop japonés- y su incapacidad de mantener sola al bebé por la desconfianza que tiene ante todo lo que le rodea. Tiene miedo a que el bebé se haga daño, que no sea capaz de hacer nada por sí mismo, e incluso ella en ocasiones se siente incapaz de cuidarlo. Un poema su mente, que lleva a sobreproteger al niño de un modo exagerado y enfermizo, hasta el día que una crisis nerviosa más subidita de tono de lo habitual le acabará conllevando la pérdida del bebé en favor de su hermana. A partir de aquí, Kotoko se hundirá en su propio infierno irracional agravando así su situación, con decisiones estremecedoras, pero que por el camino acabará conociendo a una persona que intentará ayudarla, el personaje que interpreta el director Tsukamoto. Y así poco a poco se irá tejiendo una estaña relación amorosa, en que él pide hilo y ella le da hilo, cuando debería ser al revés visto las circunstancias de necesidad de ayuda de Kotoko. El hilo no es más que la necesidad, en este caso el dolor, los estímulos interiores de ella que acaban siendo canalizados hacia el personaje interpretado por Tsukamoto por voluntad de éste, con tal de poder aliviar así las tensiones de Kotoko, algo que de modo parecido ya pudimos ver en la excelente Tokyo fist. Es decir, se acaba configurando una relación masoquista llevada al extremo de la tortura física por parte de Kotoko, y Tsukamoto será voluntariamente su víctima con la intención de aliviar así sus necesidades de destrucción. Vaya, que todo sea por el amor! Pero lo que queda claro es que aparece así el poco gore que veremos a la película.

Kotoko es un título de brutal sencillez narrativa –que al fin y al cabo es algo básico para configurar un relato intimista-, excelentemente escrita, pero falla en el planteamiento conjunto de lo que busca ofrecer el director. Y eso que pese a buscar “algo” distinto Tsukamoto no olvida su sello personal, lo que tanto gusta a los fans del director: su estilo, que acaba apareciendo solo en pinceladas puntuales. Me refiero a los típicos ritmos narrativos videocliperos del visionario mundo del director nacidos en Tetuso, capaz de crear situaciones inquietantes por su crudeza surrealista y en ocasiones sin sentido. Y Kotoko tiene estos elementos atributivos del director, pero por desgracia se convierten casi anecdóticos –aunque justos por el tipo de guión que hay-, y entre ellos un pequeño homenaje a Tetsuo a modo de mezclar tubos y carne (os suena?). Así que nadie busque en esta película ver otra Tetsuo, Tokyo fist, A snake of June y demás, ya que aquí esos cortos y extraños videoclips surrealistas tienen un papel distinto a lo habitual, y que acaban jugando bastante a favor de la película: el contraste exagerado de esos videoclips ofrece subidas de tensión esporádicas totalmente jugables con la bipolaridad que sufre Kotoko. Pero se acaba creando un problema -o al menos algo que no me ha gustado simplemente, ni bueno ni malo-,y es que para digerir semejantes ”explosiones” totalmente excéntricas y gratuitas el director se ve obligado a añadir un elemento que juega tan poco a favor del intimismo como es la comedia -y ya sabemos como son de frikis estos japoneses-, acabando de pulir así un guión con una estética absurda que a veces roza el ridículo.

Absurda en su conjunto, pero también dramática y violenta, e incluso los ritmos videocliperos típicos del director se encuentran en momentos puntuales muy acertados. En general estamos ante un filme que no queremos, no es lo que deseamos ver de alguien con semejante currículum, estilo y personalidad. Pese a eso Kotoko es una correcta película sin más que no será recordada.

2 comentarios:

  1. Bueno, casi todos tienen alguna petardada en su currículum, así que este hombre no iba a ser menos...

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  2. ya, aunque mira, mala mal tampoco. Simplemente una cosa rara que tiene porai jeje

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