martes, 9 de octubre de 2012

Lovely Molly - Eduardo Sánchez, 2012



TÍTULO ORIGINAL: Lovely Molly
AÑO: 2011
NACIONALIDAD:
EEUU
DURACIÓN:
99 min.
GÉNERO:
Suspense, Terror
DIRECTOR:
Eduardo Sánchez
GUIÓN:
Jamie Nash
REPARTO: Johnny Lewis, Alexandra Holden, Gretchen Lodge, Katie Foster, Tony Ellis, Brandon Thane Wilson, Lauren Lakis, Daniel Ross, Tara Garwood, Kenny Caperton, Todd Ryan Jones, Dan Manning y Greg Cool


NOTA: 7







Una de las películas a priori destacadas de la presente edición del Festival de Sitges quizás sería Lovely Molly, la nueva propuesta del realizador español Eduardo Sánchez, coautor junto a Daniel Myrick de ese chollo casual tan exitoso y efectivo como fue El proyecto de la Bruja de Blair. Aunque no “novedosa”, ya que anteriormente películas como Holocausto canibal servían como embrión al actualmente de moda mockumentary, esos falsos documentales en que se captan unas imágenes en video y posteriormente las vemos medio-montadas con la idea de que “eso es lo que se encontró grabado”. Será por lo extrema que resulta la propuesta de Ruggero Deodato junto a la mala fama de juicios que sufrió posteriormente a su exhibición acusado de asesinato, o a saber, pero lo cierto es que el filme de la Bruja dio en el clavo con una fórmula que reinventaría el cine de terror pese a no ser novedoso, pero que no se completaría definitivamente a modo exploits hasta la bastante posterior Paranormal Activity ya entrados al siglo XXI, y que hoy lo vivimos en la cresta de la ola en cuanto a este tipo de cine quizás más conocido como found footage.


Muchas son las propuestas que han ido llegando, aprovechando el tirón de found footage, unas más aceptables que otras, también originales, u otros bodrios infames que evidencian que la misma fórmula empieza a estar saturada y, como en todo, cada vez la mierda abunda más. Porqué en el fondo, el found footage es un género que va de perlas a los realizadores novatos, ya que muy fácilmente se pueden ocultar carencias en el guión como ciertas incoherencias, diálogos planos, o problemas más materiales como puede ser la falta de presupuesto, que en muchas ocasiones queda tapado a modo de tacañería visual en las escenas de acción. Por tanto, es obvio el por qué este tipo de películas son tan populares, ya que son baratas de producir y aseguran un éxito comercial pese a que la película no acabe de funcionar del todo en taquilla. Pero, como en todo, modernizar o morir! no siempre se puede vivir de lo mismo, y esto es lo que quizás películas como REC 2 o su continuación han hecho con el found footage, al darle un sentido más útil e inteligente a las grabaciones, al mezclarlas con una realización “normal” y así poder justificar el “por qué” se está grabando aquellas imágenes ya sea con un móvil o videocámara doméstica. De ese modo evitamos esos habituales tramos iniciales tan bochornosos, planos en cuanto a diálogos, y en general momentos nulos en cuanto a aportación a la trama, pero completamente necesarios para que funcione la fórmula, ojo! algo que por ejemplo El proyecto de la bruja de Blair, o Grave Encounters –ésta ya fue desesperante- entre tantas otras, poseen sin verguenza.


Lovely Molly forma parte de ese nuevo grupo de películas found footage renovadas, de las que no tienen excusa si el resultado final es fallido. Es buena? Mala? Pues a diferencia de lo que se está valorando por Internet en algunas webs de cine, la verdad es que me ha gustado. La presente película de Eduardo Sánchez, escrita, dirigida y editada por él, resulta de lo más acertado y entretenida dentro del found footage, precisamente por saber alejarse de él y saber cómo enriquecer la película con esas grabaciones. Bien, más que a la película, lo que enriquece es a su personaje principal, Molly, una chica humilde -Diós, por fin obviamos chicas rubias pechugonas e irreales-, con un pasado oscuro ligado a las drogas, junto a ciertos problemas familiares que desembocaron en la muerte de sus padres. Pero las cosas parece que ahora le van bien, se acaba de casar con Tim, y se van a vivir juntos en la solitaria casa de los difuntos padres de Molly. Una vez allí, Molly, debido a la soledad en la que se ve obligada a convivir debido al trabajo de camionero de su esposo, empieza a ver y escuchar cosas. Ella cree que su padre aún está en la casa, pero solo le puede ver ella, y como consecuencia de esta situación angustiosa acaba por volver a la heroína, complicando terriblemente su situación hasta desembocar en un último tercio de la película... -sin querer destripar nada- duro e inquietante.


Ante todo, y sobretodo, no estamos ante una película de terror. O sí, quizás sería más justo y correcto decir que estamos ante un drama psicológico que aprovecha el género de terror como medio de expresión de las interioridades de Molly (una brillante Alexandra Holden). Ella está convencida que su padre está en la casa, y poco a poco irá aberrando su personalidad hasta llegar a convertirse en alguien autodestructiva psicológicamente, pero también destructiva, llegando a ver, como espectadores, un poema de personaje de lo más interesante. De hecho, la película es sobre Molly, lo que siente, sus miedos hacia su padre y, volviendo al tema found footage, solo es capaz de verle a él a través de la visión nocturna de una videocámara doméstica. Vaya, que esa cámara es el medio de transmisión del terror en la película, por tanto, algo importante lógicamente que ayuda a solapar habilidosamente los dos puntos de vista que ofrece ésta como son el drama psicológico y el terror paranormal, aunque esté en un segundo plano viviendo al límite de lo que se puede considerar real.


Además, Eduardo Sánchez, con un presupuesto ínfimo, consigue un curradísimo trabajo de sombras muy sencillo pero efectivo que abunda en gran parte del filme más allá de las escenas de videocámara de Molly. Y es que no hay nada más acojonante que la oscuridad, y jugando con cuatro focos y luces domésticas de una casa cualquiera, consigue la sombra allá donde se pide, incluso jugando con algunos contraluces que ocultan las reacciones de Molly. Pero, y ojo, el realizador Eduardo Sánchez hace algo con la cámara realmente habilidoso y que personalmente pocas veces he tenido el placer de ver, como es saltar ese eje de acción que de bien seguro tanto le machacaron en la escuela de cine donde estudió, provocando al espectador la sensación de que algo raro se ha hecho, ocurrido. Y así, de un modo simplísimo pero tan inteligente técnicamente hablando, el realizador español ha conseguido crear terror, sin necesidad de proezas multimillonarias de decorados excesivamente cargados, que acaban por destruir la naturalidad, ni planos imposibles con chorma-keys tipo Matrix. Por que en el fondo, la película está escrita tanto técnica como artísticamente con una tremenda sencillez narrativa que posiblemente a los más hiperactivos espectadores aburrirá y hará abandonar la idea de intentar conectar con la propuesta que nos plantea el realizador español, pero a los que no, creará un brillante magnetismo que difícilmente hará acusar el filme de lento. Y es que en el fondo, la sensación que uno le queda tras ver la película es que con poco se ha logrado mucho, incluso con la música, tan sencilla como un simple sonido de alta frecuencia para crear un siniestro leit motiv, tal como comentaba.

Sencilla, muy sencilla y humilde, y a mi personalmente este tipo de propuesta que por encima de todo apuestan por ideas más que por escenas, incluso efectos especiales anticlimáticos, normalmente acepto aunque sean aburridos. Pero quizás, siendo algo más exigente, hubiese sido más apropiado meter algo más de carne en el asador, ya que la evolución de Molly hacia el estado psicótico no es que tarde excesivamente a producirse, y durante un buen rato del filme parece estar algo atascado, como si no supiera hacia donde dirigirse, hasta llegar a un final que quizás convence gracias a un par de escenas algo duras y un más que aceptable final inquietante. Pero en general con poco consigue mucho Eduardo Sánchez, planteando una película sencilla, lenta y quizás algo pesada, psicológica por encima de lo paranormal, pero que sabe aprovechar de un modo inteligente la moda del found footage dejándole en un segundo puesto totalmente útil y sobretodo bien dirigido. Un “yo me lo guiso yo me lo como” de Eduardo Sánchez que pese a sus poquitos aspectos mejorables, ha realizado un filme más que decente, que quizás no pasará a la historia por el simple hecho de ser humilde, con simplemente buenas intenciones que demuestran el buen hacer del director, pero que quizás se le pedía un poquito más, solo un poquito más de generosidad. 
 

1 comentario:

  1. Esta me quedé sin verla, no me llamaba mucho la atención la verdad... equivocada, por lo que veo U.U
    La buscaré.

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