sábado, 2 de marzo de 2013

13 Asesinos - Takashi Miike, 2010



TÍTULO: 13 asesinos
TÍTULO ORIGINAL: Jûsan-nin no shikaku
DIRECCIÓN: Takashi Miike
PAÍS: El Reino Unido, Japón
AÑO: 2010
FECHA DE ESTRENO: 12/08/2011
DURACIÓN: 126 min.
GÉNERO: Acción
REPARTO: Kôji Yakusho, Yusuke Iseya, Gorô Inagaki, Masachika Ichimura, Mikijiro Hira, Ikki Sawamura, Arata Furuta, Tsuyoshi Ihara, Masataka Kubota, Sosuke Takaoka
GUIÓN: Takashi Miike, Daisuke Tengan

NOTA: 9


Des de Japón vuelve el de cada año, Takashi Miike, con una película de samuráis que homenajea y actualiza el género chambara que tan de moda se puso a partir de los años 50 gracias a mitos del cine oriental como Akira Kurosawa, Goshi o Inagaki. Y es a partir de ellos que Miike recoge esas bases que sirvieron para sentar el género en aquellos tiempos pretéritos para crear, con un remake de homónimo título de Eiichi Kudo en 1963, una versión libre pero sobre unas rigurosas bases de realización que respeta a los maestros. Y lo cierto es que, conociendo al director japonés, los prejuicios antes de ver la película es que estaremos ante una película del Japón feudal condimentada con uno de esos baños de sangre tan habituales en su cine. Pero en este caso no, y Miike acabará por patear a todo aquel que juzgue inconscientemente sobre una de las películas más maduras, compactas y redondas del director, que partiendo de todos aquellos cánones clásicos compone un relato riguroso atípico en él -y más en el momento de su estreno viendo como ha evolucionado su carrera-.

Tal y como he dicho, aparte de homenajear, también actualiza este tipo de cine. Para empezar Miike se aleja de historias excesivamente dilatadas, con planos casi insoportables y somnolientos, hacia un ritmo narrativo mucho más occidental, ameno y actual que posiblemente pueda ayudar a acercar al público más convencional amante de la acción un tipo de cine exótico que vagamente ha conseguido aflorar en nuestra cultura, como es el de samuráis. Y para toda la legión de fans del director japonés se trata de un ejercicio obligatorio de traiciones, amistad y carne que supone para el director alejarse de aquellos títulos anclados en el postmodernismo de argumentos retorcidos llevados a extremos inhóspitos, a subir un escalón de calidad en su carrera y a apostar por algo más convencional y maduro, gracias en parte a una producción mucho más ambiciosa, de mayor presupuesto y extras, algo que para un director acostumbrado a rodar entre 2 y 3 películas anuales de bajo presupuesto des de hace 20 años sin duda es un reto. Y ciertamente, Takashi Miike, director de joyas bizarras como Audition o Ichi the killer, se adapta a las condiciones como el escarabajo aprobando con nota, deleitándonos con lo que es seguramente una de sus mejores películas -si no la mejor- y que no decepcionará a sus fans. Pero que nadie se piense lo que no es, y refiriéndome en concreto al público más palomitero, ya que 13 asesinos es una película de diálogos, con tendencia a lo clásico, y durante hora y media escucharemos infinidad de nombres, veremos infinidad de personajes que costará recordar, pero también lo haremos con un guión bastante plano y convencional lleno de sabiduría respeto al cine de Eiichi Kudo, Goshi y demás, tratando temas como el orgullo, honor y dignidad, pero siempre con el inolvidable sello Miike aportando detalles secos de violencia cruda, gotitas de humor, y sangre, siempre mostrados sin morbosidad.

Y aquí está la poesía narrativa que nos ofrece Miike, con una historia típica de sucesiones en el Shogun y desacuerdos de clanes, pero adaptado a lo visto en Los siete samuráis, en que trece guerreros (samuráis y ronins), se enfrentarán al malvado futuro heredero del Shogun. Como era habitual en ese cine, las coreografías de acción orquestadas por los directores se limitaban al buen hacer de sus actores por la lógica carencia de artificios técnicos de aquel cine físico y sin trampa, y en este caso las luchas cuerpo a cuerpo pese a que no lo han dejado de ser lo cierto es que Miike las ha dotado de un ritmo narrativo mucho más ágil y trepidante que de bien seguro dejará boquiabierto al espectador por ser un verdadero cóctel de acción, épica y violencia que no da tiempo a respirar, pero presentada sin groserías gamberras y sí de modo elegante.

Por tanto, lejos de estar ante otra Zatoichi, ni la sangre ni el gore son protagonistas pese a estar presentes, aquí Miike nos dilata un argumento que se divide en dos partes: una primera basada en diálogos y momentos muy puntuales de acción -también con momentos de especial dureza todo hay que decirlo-, acaban por cocer un primer tramo de la película que detona en una brillante batalla calculada milimétricamente y compactada, que supondría la segunda parte. Y La realización es genial, toda la grandeza de Miike se demuestra en esa fascinante última parte, en que la crudeza de la batalla aumenta progresivamente, y que de manera muy inteligente el director consigue trasmitir con recursos técnicos como planos a tembleque, desenfoques y zooms, un mayor realismo en cuanto a sensaciones de dolor tanto físico y emotivo de los guerreros.

Poca broma con todos aquellos insolentes que acusaron a Takashi Miike de director anclado en un cine postmoderno de bajo presupuesto y en ocasiones absurdo. Él es alguien con talento, capaz de dirigir lo que sea y demostrar que bajo sus características gafas de Sol se encuentra el que es, posiblemente, uno de los directores de más calidad y en forma del panorama cinematográfico actual. He dicho.


LO MEJOR. Es casi perfecta. Miike ofrece su cara más occidental pero sin olvidar sus raices japonesas y todo el cine de samurais que se hizo en los años 60.

LO PEOR: Su final -última escena-, que obviamente no detallaré, aunque tampoco afecta a la trama.


Trailer:

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