lunes, 29 de abril de 2013

Zebraman 2: Attack on Zebra City - Takashi Miike, 2010




TÍTULO ORIGINAL: Zeburâman: Zebura Shiti no gyakushû.
AÑO: 2010.
DURACIÓN: 106 min.
PAÍS: Japón.
DIRECCIÓN: Takashi Miike.
GUIÓN: Kankurô Kudô.
PRODUCCIÓN: Akio Hattori, Takashi Hirano, Arimasa Okada, Makoto Okada.
PRODUCTORA: Central Arts, Toei Company, Tokyo Broadcasting System (TBS).
MÚSICA: Yorihiro Ike, Yoshihiro Ike.
REPARTO: Shô Aikawa, Riisa Naka, Tsuyoshi Abe, Masahiro Inoue, Makie Amimoto, Cynthia Cheston,

NOTA: 5


Hace unos años, uno de los directores más potentes del panorama cinematográfico actual, creó una especie de antihéroe capaz de plantar cara a estereotipos heroicos en una divertidísima parodia que nada tenía que envidiar a productos más comercialoides como Kick Ass. Se trataba de un personaje con una importante carga emocional y de gran profundidad a la vez que ridículo, y que hoy ya es objeto de culto, se trata de Zebraman. Aquella película protagonizada por Sho Aikawa en 2004 resultava ser un homenaje a todo aquel cine de superhéroes japoneses de los años 50-70, y que resultó ser un brutal éxito de taquilla en Japón.

Y por fin ha llegado la secuela. Decepcionante a lineas generales, pero en el fondo, qué sería de Sitges sin el excéntrico y polivalente Takashi Miike? Y que sería para el cine si no existiera éste director inconfundible capaz de reinventarse a cada película, de romper tabús y crear debate al dotar sus películas de polémica, crítica y originalidad? En esta segunda parte ofrece lo mismo que la primera, pero reduciéndola a simple comedia de argumento mínimo cargada de situaciones absurdas en favor de algo más estético, además de ser mucho menos amable y sí más gamberro. Zebraman: Attack on Zebra City mantiene ese toque Miike desacomplejado tan atractivo y lleno de personalidad que impide aburrirse durante el metraje, pero quizás el problema reside en que la parte paradójica de la primera parte al mundo de los superhéroes no ofrece una mayor profundidad en esta secuela, que es lo que debería justificarla y no su puesta en escena a base de mayor presupuesto. En esta ocasión Miike ha optado a centrarse en una ácida crítica a la sociedad japonesa, describiendo una sociedad futura regida de forma tiránica, llena de control social, y manipulación en los medios de comunicación y la industria del entretenimiento.
Ante todo este panorama, la historia nos sitúa 15 años más tarde de la primera parte, al 2025, y con un Zebraman que ha perdido la memoria y sus poderes. La novedad principal respeto la primera parte está en Zebra City y su diseño de producción. Miike decora la película con una puesta en escena tripiosa que la hace impresionante, con luces blancas y negras (modo Zebra), dando un estilo videoclipero de J-Pop que nos sitúa en un futuro oscuro en que el bien y el mal están unidos, pero que la maldad toma protagonismo con una policía que reprime y extermina a todo aquel que se le pone por delante. En él, conoceremos a un gobernador corrupto y una hija malvada cantante con una extraña vinculación con Zebraman, y que serán los nuevos personajes que darán vida al argumento.

Me remito, visualmente muy potente, y es que ya desde un principio Miike dejará claro que esta secuela tiende más al delirio visual a ritmo de videoclip. Concretamente uno llamado Zebra Mini-Skirt Police, dirigido por Nishiumi Kenichiro, y que es toda una declaración de principios de lo que veremos en esta secuela, con más violencia y cargada de lo que ya empieza a ser habitual en él como són gags guarros, escenas de alta absurdidad como el momento de “la unión” (que aleja la película de título infantil como sí lo era la primera parte) o los anuncios antipiratería del inicio de la película, por poner dos simples ejemplos de los muchos que hay. Y es que si algo predomina en Zebraman 2 es sin duda la exageración, desde todas las interpretaciones hasta los decorados, efectos especiales, vestuario y coreografías. Desgraciadamente otro de los puntos fuertes de la primera parte, como era la acción, tiene mucha menos fuerza y acaba sabiendo a poco, e incluso es más escasa. De todos modos al estar ante una película “tonta” que apuesta más por lo estético, sin querer uno de los puntos más débiles de la película acaba pasando a un segundo plano como es el guión, que en verdad va decayendo por momentos y en general no hay por donde coger al tener un aspecto casi improvisado. Él posee unos códigos de humor que no funcionan en comparación a la primera parte, al ser desafortunados y excesivamente infantiles, sin gracia, carentes de sátira y que acaban llevando la película a nada.


Zebraman: Attack on Zebra City  es una entretenida secuela de serie B que gustó bastante al público. Puro Miike, simplemente (y no como aquel bodrio de Yatterman pese a aparentarlo), y aunque no tenga la profundidad de la primera parte esta esperada secuela se atribuye de otros aspectos mejorados como lo visual, sobretodo notado en un mucho más trabajado diseño de producción. Toda la puesta en escena deja de ser ”pobre” como en la primera parte para notarse un mayor presupuesto que se ha sabido aprovechar. Un espectáculo deslumbrante con aspecto y ritmo frenético a modo J-Pop, cargado sensualidad, crítica social, con una mayor dosis de violencia, divertimiento friki, y sin olvidar que estamos ante una cinta estúpida (aunque crítica) envuelta con un sello de título de culto.

Puro éxtasis en blanco y negro.

LO MEJOR: La puesta en escena videoclipera, que demuestra haber estado realizada por un mayor presupuesto, y que visualmente es una pasada.

LO PEOR: Que el dinero haya servido solamente para lo visual. Una secuela debería ser "más" que la primera parte en todo, pero aquí en realidad todo reluce a medio gas. 


Trailer:



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