La perversa señora Ward - Sergio Martino, 1971


-TÍTULO ORIGINAL: Lo strano vizio della Signora Wardh
-AÑO: 1971
-PAÍS: Italia
-DIRECTOR: Sergio Martino
-GUIÓN: Vittorio Caronia, Ernesto Gastaldi, Eduardo Manzanos Brochero
-MÚSICA: Nora Orlandi
-PRODUCTORA: Coproducción Italia-España; Copercines, Cooperativa Cinematográfica / Devon Film / Laurie International / ML
-REPARTO: Edwige Fenech, George Hilton, Conchita Airoldi, Alberto de Mendoza, Manuel Gil, Carlo Alighiero, Ivan Rassimov, Bruno Corazzari, Marella Corbi

NOTA: 7



Navajas de afeitar, guantes negros de piel, sombreros, desnudos gratis, asesinatos retorcidos, planos detalle de los ojos,... estos pequeños detalles, y tantos otros, corresponden indudablemente al giallo, un subgénero cinematográfico impulsado por Mario Bava y Dario Argento que tuvo especial trascendencia en Italia durante los años 70, y que es una derivación entre el thriller y el cine de terror. Se trata de un subgénero que abusa de ciertos clichés que se repiten más que el ajo en este tipo de películas, dando más importancia a lo puramente estético que a la trama en sí, ya que en muchas ocasiones acaba siendo tramposa.


En los momentos más álgidos del giallo, a principios de los 70, más allá de Bava, Argento o Lucio Fulci, se encontraba otro director que marcaría su huella con fuerza con alguno de los títulos más interesantes que se recuerdan: Sergio Martino. Martino se merece un segundo puesto detrás de Dario Argento en este tipo de películas por muy nefastas y ridículas que llegaran a ser títulos posteriores como La montaña del Diós caníbal (1978) -que incluso llegaron a usar planos recursos de documentales para llenar el metraje-, La isla de los Hombres Peces (1979) o 2019 Tras la Caída de Nueva York (1983) -por poner unos ejemplos-, que resultaban ser unas exploitations simpáticas solo digeribles para fans de la caspa y ratas de videoclub. Pero antes de toda esa basura de serie B o Z Martino realizó un puñado de giallos la mar de interesantes, entre ellas La perversa señora Ward, dirigida en 1971, y que resultaba ser su segundo giallo, ya que meses antes estrenó otra joya como es La cola del escorpión. Ambas películas fueron muy bien recibidas por la crítica, y hoy ya son piezas de culto en la memoria del aficionado al subgénero por recoger la versión más pura del giallo, lejos de las mutaciones que viviría a mediados de los 70 hacia el fantástico, en parte por “culpa” del Rojo Oscuro de Dario Argento en 1975, que se aleja de los cánones habituales del subgénero para acercarse tangencialmente al cine de terror. Es por ello que los títulos de Sergio Martino ofrecerían la versión más pura del giallo, con todos los clichés que comentaba de la navaja, guantes de piel, desnudos gratis y demás, y además con un resultado totalmente satisfactorio.

El título que me ocupa he de reconocer que le tengo un especial cariño, posiblemente por su calidad, pureza, lógica, y el haber sido rodada en parte en la localidad catalana de Sitges. Claro está que Martino no es Dario Argento y su obsesión continua por la composición pictórica, que le dota a la fotografía de una particularidad exquisita, pero Sergio Martino supo aprovechar a la perfección otros elementos de Argento como el plano subjetivo, la cámara lenta y el plano detalle que también le dotaron de estilo propio. Además, la película cuenta con un reparto muy mainstream en la Italia de la época y concretamente en los giallo, como la habitual al subgénero y actriz fetiche del director Edwige Fenech, que también trabajaría en Todos los colores de la oscuridad (1972), Vicios prohibidos (1972), y Delitos privados (1993), además de comedias mediocres. También encontramos al reparto a George Hilton, que acompañó en otras películas a Fenech, y también Conchita Airoldi y Alberto de Mendoza. La película cuenta como Julie Wardh (Edwige Fenech) regresa con su marido Neil (Eduardo de Mendoza) a Viena después de pasar unos intensivos días de trabajo, por parte de él. Ella, tiene pesadillas recordando a Jean, un sádico compañero de fiestas con quien tenía relaciones sadomasoquistas de todo tipo, y con la supuesta mala suerte que se acaba reencontrando con él en una fiesta. Pese a ello, Carol, una amiga de Julie, le presentará a George (George Hilton), con quien mantendrá una apasionada relación sexual convirtiéndose en su protector contra Jean. De mientras, un asesino en serie psicópata va dilatando su bodycount de mujeres jóvenes.

La historia nos presenta a un grupo de personas que no son agua clara, como la mujer, el amante, el examante, el novio, la amiga, etc. y un asesino en serie que realiza unos asesinatos a navajazos. Bien podría ser cualquiera de ellos, pero aquí reside parte de la gracia de los giallo que tan bien supo recoger posteriormente el slasher. Una historia confusa, que confunde, y que cuando creemos que nos lleva a un puerto resulta que no, que era el otro, y es así como se desarrolla La perversa señora Ward, con un guión lleno de giros que conducen a un final muy acertado que consigue atar todos los cabos sueltos. Entre todo esto veremos a un asesino totalmente estereotipado que realiza asesinatos no demasiado explícitos en cuanto a gore o violencia, y es por eso que quizás la película decepcionará a todos aquellos que busquen aquellas muertes salvajes que se pueden ver en películas posteriores de Argento o las de Fulci.

También el filme cuenta con un ingrediente añadido muy común en aquellos tiempos como era la moda del destape, que dota a la película de un perfil pseudoerótico, con cantidades de desnudos gratis que acaban por aborrecer al no aportar nada más que el recuerdo al espectador que ésto no es más que otro cliché del género. Y es curiosa la situación, ya que recientemente Sergio Martino reveló en una entrevista que odia las películas que dedican metraje a rodar escenas de sexo, argumentando que son escenas que no aportan nada a la trama. Personalmente discrepo mucho de su opinión, pero lo que nadie podrá negar nunca es que su postura actual resulta un tanto hipócrita una vez revisamos títulos suyos como la presente La perversa señora Ward, en que sus personajes o bien follan varias veces, o se cambian de ropa, o se bañan, o visten ropa de papel para que luego les rompan el vestido “por que sí” (sic), etc. y son escenas que se repiten continuamente durante el filme -por no hablar de títulos suyos que dedican bastantes escenas de sexo como Espiando a Marina (1992)-. Posiblemente por ello la película fue censurada en Inglaterra hasta su edición en DVD al 2011, aunque también hay que reconocer que los ingleses siempre han sido muy estrictos en cuanto a censura, además de estar tratando de un título hoy reducido a un público minoritario.


Otro aspecto a comentar es la música compuesta por Paolo Ormi y Nora Orlandi, gente de contrastada experiencia en el sector que tanto influiría posteriormente al grupo de rock progresivo Goblin, que compondría temas para Rojo Oscuro, Tenebre y demás títulos de serie B italiana más allá del giallo. Es por ello que recientemente Tarantino aprovecharía algunos de los temas de La perversa señora Ward para incluirlas en su repertorio en Kill Bil vol.2, teniendo así una importante participación Nora Orlandi en la BSO en la película de Tarantino.


En resumen, La perversa señora Ward resulta un título que dentro del cine de segunda es de primera, con todos los clichés del subgénero giallo que dotan a la película de una pureza exquisita, y de una partitura por parte de Martino cargada de lógica y misterio pese a alguna que otra escena sobrante que nada aporta a la trama, en especial los desnudos, que no hacen más que despistar. Muy recomendable.


LO MEJOR:  En La perversa señora Ward el espectador encontrará la pureza del género giallo, con todos sus clichés y también defectos.

LO PEOR: Ciertos momentos de descontrol por parte de Sergio Martino, mostrando escenas que no aportan nada a la trama más que confundir.



Comentarios