lunes, 23 de septiembre de 2013

La violencia del sexo - Meir Zarchi, 1978




DIRECTOR: Meir Zarchi
GUIÓN: Meir Zarchi
TÍTULO ORIGINAL: I Spit on Your Grave (AKA Day of the Woman)
AÑO: 1978
DURACIÓN: 100 min.
PAÍS: Estados Unidos
FOTOGRAFÍA: Yuri Haviv
REPARTO: Camille Keaton, Eron Tabor, Richard Pace, Anthony Nichols, Gunter Kleemann
PRODUCTORA: Cinemagic Pictures

NOTA: 8









Durante la era Nixon en los Estados Unidos, la reaccionaria clase media impulsó a los políticos a aprobar la Ley del Talión, movida por la rabia y el miedo de la sociedad post-Vietnam. Rabia y miedo fomentado por algunos políticos derechistas, familias cristianas ultraconservadoras y lobbys carcas, ayudaron a que se creara una ley que decía que “No se violará el derecho del pueblo a poseer y portar armas”. De aquí el éxito de algunas películas que se realizaron a posteriori como El Justiciero de la ciudad (Michael Winner, 1974), Angel de Venganza (Abel Ferrara, 1981), o la presente La violencia del sexo dirigida por el americano Meir Zarchi en 1978, un tipo de películas que mezclan violencia, violaciones y venganzas.

Concretamente a La violencia del sexo deberíamos incluirla en el famoso subgénero del Rape & Revenge, un tipo de cine donde los monstruos no son sobrenaturales, sino humanos que descargan su atroz violencia contra otros seres humanos, normalmente a mujeres. Un cine basado en venganzas y castraciones donde la mujer es la máxima protagonista al sufrir un ataque a su feminidad por parte de un grupo de individuos masculinos -o incluso femeninos en algunas películas concretas- que pertenecen a pueblos del interior, o más concretamente de “gente paleta”. La presente película sigue éste canon violento hasta tal punto que su director Meir Zarchi ofrece una brutal violación de más de 30 minutos, y que le supuso la prohibición de la película en algunos países como Irlanda, Noruega, Islandia, Alemania occidental o incluso 20 años en Inglaterra.

La violencia del sexo trata acerca de una joven escritora, Jennifer, que pasa sus vacaciones en una casa alquilada, en un escondido pueblo americano para aislarse y escribir su nueva novela. No pasan dos días y unos hombres del pequeño pueblo la persiguen, violan y humillan repetidas veces. Uno de ellos tiene que ir a matarla, pero no lo hace y es entonces, mientras todos pensaban que estaba muerta, cuando ella vuelve para realizar su violenta venganza.

Se trata de una película realmente violenta, incluso para según quién puede ser muy desagradable. Es una epopeya llena de sexo sucio y forzado de difícil digestión, en que cabe decir que Zarchi impregna a los paletos violadores de un mensaje fascistoide contra el movimiento hippie de la época que buscaba aires de libertad y progreso. Creo que sería un error no contemplar al personaje femenino de Jennifer desde la postura libertaria que tenían ciertos jóvenes de la época que seguían la moda contracultural del movimiento hippie, en la que el sexo libre era habitual, también la desnudez, el LSD y el cannabis o el uso del bikini, ya que atentaban contra el modelo de familia tradicional católica. Por tanto, Jennifer viene de la gran ciudad a un pueblo que se cree modélico por tener establecidas costumbres tradicionales, y el simple hecho de usar bikini, enseñar la pierna de rodilla para abajo, vivir sola sin novio y tener “muchos novios” -en palabras suyas-, son la excusa para atacar y violar a una “ramera”, ya que se sale de las normas socialmente marcadas e impuestas.

En cuanto a la película es una curiosidad muy violenta pero que en el fondo no es más que un exploit entre tantos otros de La última casa a la izquierda (Wes Craven, 1972), y que pertenece a toda aquella estirpe de cintas que arrasaron en los 70-80. Y como todas ellas sigue los tres actos habituales del género, como son la presentación de la chica protagonista, luego su salvaje violación a cargo de un grupo de hombres liderados por un cabecilla, y luego una venganza a cargo de la chica. Pero la película no es más que una oda a las fantasías producidas por el voyeurismo masculino, la de la excitación pasajera y a la voluntad latente de salirse del molde y romper su moralismo tradicional. También a las fantasías de la mujer ante la represión que ésta ha vivido tradicionalmente, y en sí toda la película no es más que las fantasías de unos y otros. Más allá de ello se puede ver entre lineas el poder que tiene la postura tradicional y de derechas en la sociedad de la época ante los grupos progresistas. Por tanto, si por algo me gustaría revivir en éste blog La violencia del sexo es porqué la considero una película menos superficial de lo que aparenta, llena de detalles sutiles fácilmente perceptibles, por todo lo que ha sufrido frente a la censura, y por una más que decente dirección a cargo de Meir Zarchi. Concretamente la escena de la violación, además de ser bruta y desgarradora, resulta muy efectivo el planteamiento del director de acercarla hacia el cinema verité, ya que con una carencia absoluta de música y efectos sonoros la famosa violación gana realismo y consigue dejar a cualquiera sin aliento.


Tampoco engañaré a nadie, es muy modesta, pero también es cierto que tuvo muchas dificultades tal como apuntaba para su distribución en diferentes países, además de devastadoras críticas y rechazo total a un filme tan polémico por su contenido tanto visual como político. En todo caso hoy en día podemos disfrutar la versión sin censura de La violencia del sexo con sus 101 minutos de duración, y así no olvidar jamás escenas tan memorables como la de la castración, tan desagradable para los hombres como pornográfica para los grupos radicales feministas.




LO MEJOR:  Que no se trata de un Rape & revenge convencional, sino de una película con un trasfondo político que le sienta muy bien hoy en día. También rescato la escena de la castración, tan bellamente rodada como despiadada.

LO PEOR: El final sabe a poco.

Trailer:

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