lunes, 20 de enero de 2014

De "Nosferatu" a "Begotten", pasando por Buñuel



Quisiera hablar del terror de los año 20, concretamente de Nosferatu y El gabinete del doctor Caligari, y acabar ligandolas con una película llamada Begotten (ídem, 1991), de principios de los 90.

Que es el miedo? Hay psicólogos que dicen que el miedo comienza a aparecer al ser humano sobre los 8 meses de vida, cuando el bebé se da cuenta de que realmente ya no está dentro del vientre de la madre, que ya no es todo tan idílico, apareciendo así el sentimiento de fragilidad, que ya no somos tan invencibles como creíamos. Por lo tanto, es el miedo lo que nos hace sentir vivos. A partir de ahí empezamos a desarrollar este nuevo sentimiento y nos acabamos dando cuenta de que existe la posibilidad de perder todo lo que queremos, como los padres o la misma vida. Por lo tanto el miedo interior acaba condicionando nuestros actos para encontrar el máximo de estabilidad posible, pero en el fondo es el miedo colectivo el que mueve el mundo. Y el cine es también todo un mundo, un mundo que representa imágenes que no quisiéramos imaginar, o si, dependiendo del género supongo, pero en todo caso parte de la magia del cine esstá en que éste es capaz de superar las fronteras de la realidad y mostrar un mundo que, en ocasiones, puede llegar a ser escalofriante y penetrar en el peor de nuestras pesadillas. Es por este motivo que el cine de terror ha calado tan fuerte en los periodos post bélicos, como si fuera un anexo de los periodos de crisis. Por ejemplo, títulos como El Golem (Der Golem, wie er in die Welt kam, 1920), El gabinete del Dr. Caligari o Nosferatu, no es nada gratuito que las tres sean surgidas de Alemania, justo después de la 1ª Guerra Mundial, creando lo que se conoce como “Expresionismo alemán”. O también los monstruos de la Universal durante los años 30 en los EEUU, una época post crack del 29. O los Godzilla, Mothra, Gamera y compañía en Japón tras las bombas de Hiroshima y Nagasaki -el género nipón del kaiju eiga- , unas películas que en los EEUU también se hicieron -pero a su manera artística y queriendo reflejar amenaza soviética- siempre situadas durante el contexto de Guerra Fría, como lo fueron, por ejemplo, La mosca (The Fly, 1958), La humanidad en peligro (Them!, 1954), o sobre todo La invasión de los ladrones de cuerpos (Invasion of the Body Snatchers, 1958). También se hicieron al post-Vietnam, con grandes películas como Crimen en la noche (Dead of Night, 1972), por ejemplo, o incluso en España, en las postrimerías del franquismo con todo fantaterror español encabezado por Paul Naschy. Un cine que pretendía hacernos enfrentar a nuestras pesadillas atávicas producidas por culpa de un mundo caótico, desastroso y apocalíptico, relacionando todas estas imágenes fantásticas -pero tan reales como fuera posible- para así excitar nuestra adrenalina.

Sin embargo más allá de que muchas veces el cine de terror surgiera como "reacción", si se quiere considerar así, principalmente el que he querido ha sido representar lo que es irrepresentable, entrar en la oscuridad, explorar límites, provocar, y sobre todo penetrar en territorios donde nunca quisiéramos hacerlo. Uno de los primeros ejemplos en el cine de terror más primitivo fue El gabinete del doctor Caligari, una película muda dirigida por Robert Wiene en 1919 y que representaba una sutil crítica a la situación política en Alemania durante la 1 ª Guerra Mundial. La gente de aquellos tiempos pretéritos tenía la sensación de que habían sido controlados por el Estado, como si se trataran de sonámbulos que fueron enviados a una guerra a matar bajo la voluntad de unos políticos. En la película conoceremos a Cesare, un personaje poseído, un asesino que mata cada vez que Caligari se lo pide. Esto es nada menos que una metáfora de la sociedad dormida, y es que, al situarse la película en 1922, se hace inevitable contextualizar el filme y concretamente relacionar sus personajes con la realidad de aquellos tiempos. Por lo tanto, la obra de Robert Wiene es una alegoría al control y dominación del Estado en la sociedad, donde el doctor Caligari sería una metáfora del Estado y Cesare la sociedad "dormida". Sin embargo quisiera destacar que el productor de la película añadió un comienzo y un final que alteraron el contenido, ya que en el epílogo se ve como si lo que se ha visto durante los 60 minutos de metraje se tratara del pensamiento de un loco, de un sueño. Como curiosidad, o no, a principios de los años 20 Hitler ya estaba metido en política.

Pero la película de terror que de verdad acojonó -y sigue acojonante a un servidor- es Nosferatu, la adaptación pirata de la obra de Bram Stoker "Drácula", ya que los productores no poseían los derechos literarios y es por esto que se hicieron una serie de cambios, como son los nombres artísticos. En cuanto al resto Nosferatu es una película en la que, en efecto, su trama es prácticamente idéntica a la de Drácula pero cambiando la Inglaterra victoriana por la ciudad de Viborg. Pero lo que más me interesa de la película no es su historia precisamente, ya que si este fuera el punto fuerte de la película habría envejecido igual como lo han hecho El gabinete del doctor Caligari, El Golem, Garras Humanas (The Unknown, 1927) y demás películas de terror de los años 20, y por tanto lo que me gustaría subrallar es su estética, su "forma " por delante del "fondo" a explicar, gracias a un Murnau más acertado que nunca al convertirse -posiblemente sin llegar a darse cuenta nunca- Nosferatu en una especie de pesadilla surreal por encima de una historia de vampiros. Y el éxito se encuentra en 2 aspectos:

1. El actor Max Schreck que daría vida a la conde Orlock, el "Nosferatu", un actor totalmente único y lo más peculiar que se ha visto nunca en el cine, ya que su aspecto junto con las historias siniestras que se cuentan sobre él hace que el actor haya quedado como el eterno Nosferatu. Sin ir más lejos los extras de la edición 2 DVDs de Nosferatu en España, explican la inquietud que despertaba al equipo técnico de la película la presencia de Schreck, alguien muy agudo, solitario y callado, e incluso se ha llegado a decir que realmente realizaba en la vida real prácticas vampíricas... aunque se ha desmentido. Pero, la leyenda ha sido tan grande que Willem Dafoe se puso en su piel en La sombra del vampiro (Shadow of the Vampire, 2000), una película que explicaría el rodaje del Nosferatu de Muranu y que muestra a una Max Schreck que es realmente un vampiro. Por lo tanto este conde Orlock traspasó las fronteras de la película para tratarse de un icono folclórico al género y en sí del séptimo arte, con sus orejas puntiagudas como un murciélago, pero también con unas curiosas dientes de ratón, cejas peludas y espesas, junto con unos dedos larguísimos y unas uñas al más puro estilo Ze Do Caixao, además de un cuerpo esquelético. Una persona que no parece pertenecer a este mundo.

2. La puesta en escena de Murnau. Sencillamente brillante para tratarse de una película inquietante desde el primer minuto, aportándole a la novela de Bram Stoker un terror poético, además de un puñado de imágenes inolvidables: la llegada del barco al puerto, que anuncia que el mal se aproxima silenciosamente, también los movimientos de Orlock por la ciudad o su mirada perdida dentro de su ataúd supuestamente mientras duerme, los ratones que aparecen de la nada, los extras vestidos de negro y desplazándose como si se trataran de fantasmas... y todo ello mezclado con niebla y oscuridad, también la presencia del viento, y siempre en espacios naturales exteriores, una práctica poco habitual en el cine de “expresionismo alemán” habituado a rodar películas en platós llenos de decorados, dando así importancia Nosferatu a la naturaleza muerta del entorno que rodea al conde Orlock, con viento constante, la presencia mística del mar, etc. Además de una fotografía envejecida de los años 20, llena de grano, pocos fotogramas por segundo, algunas imperfecciones, etc., y que acaban puliendo una película que, hoy, ha abandonado a Stoker para convertirse en una obra que pone por delante una estética por encima de una historia.


Por lo tanto, Nosferatu se ha convertido en una especie de poema metafísico y un canto a la naturaleza humana -y sobrehumana-. Ya no importa qué explica Murnau, sólo importa cómo lo dice, y la manera como lo dice resulta inquietante. De igual manera me gustaría ligar Nosferatu con Un Perro Andaluz (A Chien Andalou, 1929), un cortometraje que sentaría las bases del surrealismo cinematográfico junto con la posterior La Edad de Oro (El âge de oro, 1930), también en parte gracias a la corriente vanguardista del cubismo que se comenzó a desarrollar a mediados de los años 20. Se trata de una serie de filmes que considero adelantados a su tiempo donde podemos ver escenas de violencia, de gore, desnudos, apología al sexo y a la sodomización de la mujer (foto inferior), cadáveres de curas, etc., unas escenas que personalmente me sorprenden mucho por la época en que están rodadas al mismo tiempo que recuerdo el gran escándalo que supuso para el público ver el "streeptesse" de Rita Hayworth en Gilda (ídem, 1946), donde sólo muestra un brazo... ojo!, o la ostia que le clava posteriormente Glenn Ford, unas escenas que se quedan cortas al lado de las que Buñuel y Dalí ya habían hecho unos 15 años antes. Por lo tanto, aquel cine avanzado que daría pie al surrealismo aportó una estética muy particular, normalmente fantástica y onírica, con un humor desaprensivo y cruel, también erotismo, o la deliberada confusión de tiempo y espacio .


Soy consciente de que ligar las películas de Buñuel con Nosferatu hará que más de un crítico o aficionado se estire de los pelos, pero se me hace inevitable por el tono onírico que acaba cogiendo Nosferatu vista hoy en día, sin olvidar que tanto una película como la otra utilizan la asociación de ideas para transmitir sus mensajes. Pienso que, por un lado, Nosferatu se puede considerar expresionista en cuanto al cuidado de los juego de luces y sombras -que a veces es realmente escaso-. Por otro lado el director toma del surrealismo todo el tema del "amor fou", el amor capaz de superar barreras físicas y temporales en busca de un ser querido. Pero también en cuanto a la metodología a transmitir el terror, como fue el hecho de distanciarse del cine expresionista de escenarios interiores pintados y teatrales como los de El gabinete del doctor Caligari, para plantear una película que aplicaría a la composición de los planos una serie de cuadros de unos pintores determinados del romanticismo, como por ejemplo los de Caspar David Friedrich o de Kersting, quele permitieron hacer visible lo que era invisible, es decir, imponer inconscientemente al espectador la presencia de las fuerzas oscuras de la naturaleza. Concretamente los cuadros de Kersting que, curiosamente, siempre son imágenes interiores con un personaje leyendo o cosiendo, muestra un acto cotidiano que se acaba transformando en algo inquietante sin que sepamos por qué. Por lo tanto se trata de la obra de un loco obsesivo que quiere mostrar una realidad que no podemos ver, como si hubiera algo invisible, y curiosamente Muranu aplica a Nosferatu este ambiente de claustrofobia y dominio del espacio -incluso imitando al inicio de la película un plano que bien podría ser un cuadro de Kersting-. Esto permite al director construir una tétrica película de terror, donde lo que produce más tensión es precisamente esta sensación de vacío y el presentimiento que hay en el ambiente algo invisible, como una fuerza a la atmósfera, desarrollando así una película donde el mal se respira en el ambiente, como por ejemplo con el viento agitando los árboles, una playa a ratos excesivamente tranquila o un barco navegando, por encima incluso del propio vampiro. Por lo tanto Murnau se distanció de todo el cine expresionista anterior para crear un filme en el que los recursos dramáticos están tomados de la pintura, creando así presagios y sentimientos poco definibles en el espectador, ya que los recibe de un modo inconsciente. Y, además, por primera vez el género de terror toma una forma diferente: aires excesivos en la composición de los planos para así potenciar sentimientos de indefensión, también de soledad del protagonista, y en general un aire muy siniestro gracias a la puesta en escena. Es decir, Murnau transmite el terror con la telepatía -el personaje Ellen presiente la llegada del conde con el estallido de olas, viento, crujidos de mástiles,...-, también con el sonambulismo, etc., A resumidas cuentas Murnau iniciaría en el cine la asociación de ideas, los presentimientos, como es el hecho de asociar a Nosferatu con el viento y con las olas. Entonces, todo este clima termina haciendo visible unas fuerzas invisibles y oscuras transmitidas por la naturaleza, pero producidas por el conde Orlock .


No querría decir que Nosferatu se trata de una película surrealista simplemente por su aspecto, ni mucho menos, no lo es, pero pienso que pudo sentar unas bases para que Buñuel y Dalí, junto con la corriente cubista de los años 20, acabara creando el género. O quién sabe si los más de 90 años transcurridos desde entonces me han hecho ver la película desde otro ojos, posiblemente con la mirada que reclamó Buñuel en la famosa escena que rasga el ojo con una navaja a Un perro andaluz (foto derecha). Como comentaba al inicio de este artículo Begotten es una película que me marcó bastante el día que la vi. La película recrea el origen -o regeneración- del universo, el génesis bíblico, pero desde un punto de vista gore, y donde podemos ver, por ejemplo, el nacimiento de la madre naturaleza directamente de los tripas de Dios rasgándose la barriga con una hoja de afeitar. Para mí se trata de una obra muy particular, única e inclasificable, también seguramente irrepetible que bebe de todo lo que he querido subrayar de la obra de Murnau pero, obviamente, con otro planteamiento narrativo y sobre todo en un contexto muy diferente del entonces. Fue dirigida por E. Elias Merhige en 1991, un director que posteriormente dirigiría La sombra del vampiro, la película que explicaría el rodaje del Nosferatu de Murnau -un hecho nada gratuito en él-. Para mí, se hace evidente que Merhige es un fanático de la obra maestra de Murnau y que ve con mis ojos la película, ya que a Begotten podremos encontrar la estética oscura de Nosferatu, la fotografía degradada y con desaparición de fotogramas que tenía, la presencia maléfica de la naturaleza, también la distorsión del espacio/tiempo, y en sí una película que ha recogido todo lo que ha hecho que Nosferatu haya conseguido quedarse como una película inmortal, actual, y siempre gracias a esta visión más propia de una pesadilla -por tanto de “forma” que de “fondo”- narrativa, es decir, que ya nadie la relaciona con Bram Stoker. Una forma insana de transmitir horror, totalmente climática, al tiempo que se mezclan imágenes grotescas, pero siempre lejos de ese terror fácil tan habitual en el cine comercial a base de subidas de volumen o simplemente de la tensión y el suspense... en Begotten todo funciona diferente, mucho más expresivo, también con un uso de la iluminación muy trabajado pero que junto con la fotografía tan y tan contrastada acaba cogiendo mucha más personalidad y se aleja de aquel “expresionismo alemán” de los años 20, donde posiblemente la Vampyr de Dreyer es la gran obra maestra en este aspecto técnico. Para mí Begotten se trata del mejor homenaje posible al género de terror del expresionismo alemán, hecho por un director que se ha confesado -en los extras del DVD La sombra del vampiro- como fanático de ese cine pretérito, pero aplicando su obsesión personal por el ocultismo, el pensamiento mágico pagano, el misticismo y las creencias paranormales. Todo un personaje.



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