sábado, 21 de febrero de 2015

Asesinos en serie, en el cine: Andrei Chikatilo



Uno de los asesinos más brutales, escurridizos y también conocidos, es Andrei Romanovich Chikatilo, un asesino en serie que consiguió poner patas arriba a una URSS poco antes de su Perestroika. Fueron 53 asesinatos, la mayoría niñas y adolescentes, que antes de morir eren violadas es incluso devoradas por un hombre que vivía con su mujer e hijos y que prácticamente nunca causó sospecha.

Chikatilo nació el 16 de Octubre de 1936 en un pequeño pueblo de Ucrania. Se crió entre la miseria de la 2aGM, y una vez mayor, con 19 años, entró en el servicio militar, hasta que con 24 pudo entrar en la universidad de Moscú a estudiar derecho, pero la carrera que finalmente terminó (1971) fue la de literatura rusa. Antes de terminar esa carrera, estuvo trabajando como operario telefónico en Rodionovo-Nesvetayevski, tiempo en que, en 1963, Andrei Chikatilo se casó y tuvo 2 hijos: Lyudmila y Yuri. Como comentaba, en 1971 comenzó una nueva vida profesional como profesor de literatura en un colegio, y es entonces cuando empieza a manifestarse en él sus deseos sexuales hacia los niños. Esos deseos se materializaron en abusos a algunos de sus alumnos, niñas sobretodo, hasta que los padres le denunciaron y no tuvo más remedio que abandonar el trabajo. Sin embargo, él siguió trabajando en la docencia, ya que cambió simplemente de escuela, pero su mala fama, acompañados de otros abusos a sus nuevos alumnos, no la hicieron la vida fácil. Pero no fue hasta 1978 cuando Chikatilo cometió su primer asesinato con previo abuso sexual, el primero de una larga lista que ascendería hasta 53 en la próxima década. Esa primera niña fue Elena Zakotnova, de tan solo 9 años, que fue seducida por su profesor Chikatilo a base de regalos hasta una cabaña abandonada en el bosque, a las afueras de su hogar: Shakty.

Este asesinato fue el primero de muchos, tal como comentaba. Chikatilo aprovechaba un hecho habitual en la sociedad rusa, que es que, por culpa del intenso frío de invierno, los niños viajan solos al colegio, una situación ideal para que Chikatilo pudiera actuar con total impunidad. Con el tiempo los asesinatos seguirían produciéndose a base de violaciones y posteriores estrangulamientos, o bien directamente con el uso de un gran cuchillo de cocina que siempre le acompañaba. Sea como sea, Andrei Chikatilo llevaba una doble vida con su mujer e hijos, asesinando en su localidad, pero también llegando a asesinar a otros lugares más alejados como en Armenia, Leningrado o Tashkent.

(Irina Luchinskaya, de 24 años)


La investigación de los asesinatos por parte de la policía era una realidad, pero no conseguían identificar el asesino. Tampoco quisieron hacer público un caso que, en tiempos de la decadencia soviética y de Guerra fría, pudieran ensuciar la imagen de una sociedad “ejemplar”, tal como ejemplifica perfectamente la película que comentaré posteriormente: Citizen X.

En 1984, Chikatilo ya no trabajaba como profesor, ya que cambió de trabajo en uno que le obligaba a tener que viajar, y eso precisamente le permite asesinar con más facilidad y frecuencia. Esa intensificación de los asesinatos permite a la policía sospechar de él, y en 1984, con el asesinato de Tanya Petrosan, encuentran restos de semen en el cadáver que podrían vincular a Chikatilo con la víctima. Pero, incomprensiblemente, un error en la autopsia acaba dejando libre a Chikatilo y fuera de cualquier lista de sospechosos.

Con el tiempo, el asesino cambiaría de trabajo a una empresa ferroviaria, ya que le despidieron de su anterior trabajo por robo. Además, eso le implicó ir 3 meses en la cárcel. Su nuevo oficio, mucho más sacrificado y duro que los anteriores, es el que se muestra en la película Citizen X: operario de mantenimiento ferroviario. Mientras, un sospechoso llamado Aleksander Kravchenko es detenido por la policía y obligado a confesar los crímenes bajo tortura. Obviamente, el sospechoso cedió a las torturas y “confesó” que había hecho hasta 20 asesinatos, conduciéndole a la pena de muerte, y además, archivándose el caso. Sin duda fue el segundo error grave de la policía soviética.

No fue hasta 1990 que Chikatilo fue visto por unos policías acosando a un niño. En el registro, la policía le encontró dentro de un maletín que llevaba, un cuchillo, vaselina y una cuerda. Finalmente, después de un largo interrogatorio, Chikatilo confesó ser el autor de 53 asesinatos: 21 niñas, 18 mujeres jóvenes y 14 varones, todos violados y con señales de haber sufrido prácticas de canibalismo. El 15 de octubre de 1992 Chikatilo fue condenado a muerte, y no fue hasta 1994 (concretamente el 14 de febrero), que el asesino recibió un disparo en la cabeza por las autoridades del ya Estado ruso.



Respecto a las adaptaciones cinematográficas que ha tenido el asesino, la verdad es que no han sido demasiadas. Apenas podemos hablar de 2: Ciudadano X y Evilenko, o dicho de otro modo, la buena y la mala.

Empezando por la primera, Ciudadano X (Citizen X) es una película americana de 1995 que adapta a un libro de título homónimo escrito por Robert Cullen. La película se rodó con la intención de estrenarse en la televisión por cable, pero los productores, tras ver que el resultado final del filme era de una calidad superior a la imaginable, decidieron explotar mucho mejor el producto y distribuirlo por festivales de cine y en salas comerciales. De ese modo, en 1995, por ejemplo, la película ganó los premios a mejor película, director (Chris Gerolmo) y mejor actor (Stephen Rea) en el Festival de Sitges, además de un Globo de oro y Emmy para Donald Sutherland, como mejor actor secundario.

Nominaciones y premios a parte, lo cierto es que el filme quiso aprovechar el revuelo internacional que tuvo Chikatilo por aquellos tiempos, ya que se trata, seguramente, del último asesino en serie “popular” al lado de los Ed Gein, Albert Fish y compañía, y además, tampoco es nada gratuito que el mundo del cine americano quisiera meter el dedo en la yaga justo después de la Perestroika. Ciudadano X es, más allá de un filme policíaco, una película que pretende hacer una caricatura del sistema soviético, mostrando una supuesta “manera de hacer” basada en la ocultación a la sociedad de las miserias del país, también internacional, y en sí, de hacer ver ante el mundo que la salud del país es fuerte cuando el cáncer era imparable. Por lo tanto, Ciudadano X, además de mostrar una investigación policial, también muestra mucha sátira política anticomunista.

Respecto al retrato del caso Chikatilo, lo cierto es que Ciudadano X es un ejemplo de buen hacer. Alejada de morbosidad, escenas explícitas y demás, la película pone el punto de mira en la investigación policial y sus complicaciones surgidas antes que en el asesino en sí, dejando así como único protagonista a un comisario ex-médico forense (Stephen Rea), que con la ayuda de su superior (Donald Sutherland) investigarán el caso. Precisamente ambos, con sus teorías sobre el asesino, se enfrentarán a la maquinaria estatal soviética, y es aquí donde la película es sarcástica (con unas sutiles dosis de humor muy precisas) con la actitud de los altos funcionarios soviéticos. Por otro lado, es interesante ver como la policía introduce a la investigación a un psicólogo (Max von Sydow), y que éste resultará pieza clave para entender las motivaciones del asesino y finalmente su identidad.



Completamente distinta es la otra película que pretende reflejar la vida de Andrei Chikatilo. Y digo “pretende” porqué el chip que muestra la película es muy distinto al de Ciudadano X, ya que tanto la morbosidad como el rigor del que parece presumir, destruyen cualquier ápice de credibilidad respecto a los hechos reales. “Evilenko” es su título, y su nacionalidad es la italiana, además de ser dirigida por un director del mismo país llamado Davir Grieko.

Como apuntaba, Evilenko es una tomadura de pelo, empezando con su casposo título “Evil-Enko”. De hecho, la película se trata de otra adaptación literaria titulada El comunista que se comía a los niños, una novela que escribió el propio director todo asegurando que asistió realmente al juicio que sentenció a muerte a Chikatilo, y además, en la novela, se da fe a una leyenda urbana que dice que a Chikatilo realmente no se le mató tras ser sentenciado a muerte en el juicio, ya que los rusos supuestamente le vendieron a una institución mental occidental. Por lo tanto, se trata de una novela que no todo su contenido es verificado, y de este modo la película no podía ser menos, intentando llamar la atención del espectador a base de chorradas. Y esto empezando por el mismo título de la película Evil-Enko, algo más propio del cine de terror casposo. De hecho, y solo para situar, la película substituye el nombre de Andrey Chikatilo por el de “Roman Evilenko”.

El actor que interpreta a Roman Evilenko es Malcolm McDowell, consiguiendo un Chikatilo distinto al que se muestra en Ciudadano X. Mientras que en la segunda el asesino mostrado es de un perfil más introvertido, fracasado sexual, débil, y en sí un pelele, en Evilenko tenemos a un asesino mucho más decidido, bruto, y si se me permite, aterrador. Además, hay escenas que rozan el ridículo y demuestran el poco interés en retratar el caso real y sí en hacer un espectáculo para adolescentes, como es la vergonzosa escena del interrogatorio con los personajes desnudos.


Por lo tanto, dos películas distintas, con objetivos distintos, también con un target recomendado distinto, y personalmente de calidad distinta. Me quedo con Ciudadano X, sin duda! Tanto por su rigor, como por las interpretaciones, punto de vista, y sobretodo porque me parece la mar de interesante que la película quiera demostrar al espectador que un asesino en serie no es un un asesino común, sino que es alguien con una psique aberrada que para comprenderla es necesaria la institución médica.  



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