domingo, 31 de julio de 2016

La censura en el cine americano de los años 30


(Will Hays) 

El cine, en el fondo no es mucho más que un negocio que siempre ha buscado la mejor fórmula para obtener el mayor beneficio económico posible. De todos modos la moral de la sociedad más conservadora no se fija en ningún negocio más allá de preocuparse por si sus hijos pueden acabar viendo según qué películas que consideren inapropiadas para su educación, tales como películas que den apología al sexo, a la violencia y a las drogas, algo que siempre ha existido y existirá. La gente, a principios de los años 20, veía como el cine cada vez más se acercaba a los límites morales en relación a sexo y violencia, también drogas, y en según qué sectores se veía a la industria del cine como una simple cama caliente de depravación moral, aumentándose esas acusaciones a medida que el cine avanzaba hacia la transición entre el cine mudo al sonoro. Películas polémicas, tanto de alto o bajo presupuesto como The Wolf Woman (1916), El naufragio de la humanidad (1923), Strictly dishonorable (1931), Night Nurse (1931) o Narcotic (1933) eran películas que no se cortaban un pelo a la hora de mostrar cuerpos desnudos, violencia doméstica, o drogas, algo que, insisto, ocurría tanto en las producciones de las Majors como en productoras de mucho menos nombrada (independientes).

Todo empieza en 1922, cuando la MPAA (Motion Picture Association of America) -llamada originalmente Motion Picture Producers and Distributors Association (MPPADA)-, une a representantes de las principales Majors de la industria del cine americana para representar sus intereses empresariales. Fue impulsada el mismo año por el Presidente de los Estados Unidos de aquellos tiempos, Warren G. Harding (un año antes de su fallecimiento), y que propuso como presidente de la asociación a Will H. Hays, o lo que es lo mismo, a la persona que debía mediar entre las decisiones tomadas desde Washington que debían marcar la linea censora a seguir en el cine, es decir, la censura que podía aplicar la MPPADA en las películas era simplemente un acto político. Es por ello que las restricciones morales que se aplicaban a las películas estaban ligadas con la linea política que gobernaba en el país, y no es extraño ver que, Will Hays, además de propietario de Correos militaba en el partido Republicano y era católico practicante. La creación del organismo fue debida, obviamente, para poner paz entre las entidades religiosas y morales más conservadoras de la sociedad que se querellaban contra las propuestas cada vez más violentas y sexualizadas que los productores ofrecían al público, pero claro, los productores trabajaban por grandes compañías como eran las productoras de cine, por lo que la mediación entre ambos era algo necesario. De todos modos, Hays, no aplicó cambios sustanciales en el cine más allá de censurar en Estados Unidos películas que “sobrepasaban límites” según la moral americana -especialmente las producciones europeas e independientes, ya que a menudo violaban el estilo de Hollywood-.

El Crack del 29 lo cambiaría todo. Ese año, Estados Unidos tuvo una cifra de más de 5.000.000 de parados y fueron unos tiempos muy duros. También el cine lo pagó, ya que acababan de invertir grandes fortunas para transformar sus estudios de cine hacia el cine sonoro, por lo que tuvieron que encontrar una vía de escape a aquellas dificultades económicas y así evitar la quiebra. La solución sería la de radicalizar lo que se venía ya mostrando en anteriores películas en cuanto a sexo, violencia y drogas, y en general potenciar la vulgaridad. Eso llevó a muchos críticos conservadores a levantar violentas protestas ante lo que consideraban como un aumenta progresivo de ofensividad. Argumentaban éstos que, como los actores podían hablar en pantalla, lo aprovechaban para decir, sugerir e incluso desafiar, además de utilizar muchas veces un vocabulario malsonante, más allá de sugerir o directamente mostrar desnudez que incitaba al espectador a la perversión. Pero a la gente, consumidora de cine, les gustaba esa nueva manera de hacer cine, tanto que solo hay que ver como todos los grandes estudios sobrevivieron a la Gran Depresión. La gente, tras ver una película, le comentaba a su compañero “Has escuchado eso?\ Has visto eso?”, y así era como el cine sorprendía, al mismo tiempo que se iba convirtiendo cada vez en más adulto.

Pero como comentaba, en 1930 todo cambió, o si más no se intentó frenar ese auge de la supuesta perversión del cine. Fue el año que se creó el “Código Hays”, ideado por el crítico americano -y editor de la Motion Picture Herald- Martin Quigley, junto a un sacerdote (!!) llamado Daniel Lord. Dicha herramienta definiría los límites que los cineastas nunca debían sobrepasar en sus nuevas películas, y eso también implicaba analizar si producciones ya realizadas y estrenadas en cines con anterioridad sobrepasaban el filtro del código. De hecho, el Codigo Hays no se creó tanto con la idea de censurar películas sino más bien como herramienta de “autocensura”, para que así la propia industria se marcara unos límites a la hora de crear películas o divulgar sobre determinadas obras. En todo caso, el nuevo cine podía mostrar ciertas situaciones de carácter sexual, adulterio y demás situaciones pecaminosas, pero solo si éstas estaban justificadas por exigencias del guión, pero eso sí, nunca ser mostradas como algo honorable, aceptable o moral, y ni mucho menos mostrar detalles que pudieran provocar la excitación del público. Es decir, que lo que realmente preocupaba era que la gente pudiera ponerse roja en un cine o impresionarse viendo según qué.

Esto iba en contra de los tiempos que corrían, por lo que industria del cine no se mostraba a favor de esas obligaciones morales. Tampoco la prensa, a través de artículos que tenían por título a verdaderas declaraciones de principios, como “Give Public What It Wants”1, un artículo publicado en la Motion Picture Herald el 2 de Junio de 1932. En él se reivindicaba la libertad de los cineastas a la hora de elaborar sus obras apelando a la exhibición, dramatismo, sentimientos etc. y no a la sofisticación determinada por un manual restrictivo. Por lo tanto se defendía la idea que los cineastas debían mostrar lo que creían que gustaría a los espectadores, y no tanto lo que era moral mostrar.

Hay que tener siempre presente que a finales de los 20 y principios de los años 30, la industria cinematográfica era aún muy joven. Apenas 25 años produciendo cine no sirvieron para que las autoridades pudieran tolerar según qué cosas se mostraban en pantalla como las que comentaba en el párrafo anterior, y es por ello que se creó el Código Hays. En el artículo se recogían todas las restricciones que a partir de esa fecha la cinematografía supuestamente debía aplicar, y entre sus frases se puede leer lo siguiente: “Reconocen las entidades su responsabilidad hacia el público por que éstos aprendan, ya que el entretenimiento y el arte son una importante influencia en la vida de la nación […] Primariamente al entretenimiento, sin ningún propósito explícito o propaganda, el cine es un entretenimiento que debe ser responsable del espiritual y moral progreso de la nación, en todos los tipos de vida, y para un muy correcto pensamiento”. Por lo tanto, el mundo del cine se vio obligado a re-enfocar sus obras hacia una postura más pedagógica y no tan comercial. Esas restricciones incluían muchos elementos que el género de terror había explotado a los años 20, como la muestra explícita de asesinatos, venganzas no justificadas, tráfico ilegal de drogas, besos excesivamente apasionados, posturas sugestivas y gestos provocadores, mezclar seducción y comedia a la vez, perversiones sexuales, esclavos de raza blanca, relaciones sentimentales entre blancos y negros (algo que justo ahora en el s. XXI empezamos a superar), niños y niñas desnudos, utilizar palabras como “Dios”, “Jesús”, “Cristo” lejos de un reverendo (blasfemia), palabras malsonantes, mostrar desnudos integrales,... y tantos y tantos detalles sublimes que configuraron el cine de finales de los años 20 y principios de los 30, y que serían restringidos tajantemente a partir del año 34, convirtiendo al cine más en una herramienta pedagógica de moral cristiana que en arte y entretenimiento.

La duración del Código Hays se dilató hasta 1967, momento en que se dio lugar al sistema de clasificación por edades de la MPAA. Pero, centrándonos en su origen, y concretamente en el periodo “Pre-Código” (1930-1934), hay que reconocer que el cine de explotación abundaba, tanto de altos como de bajos presupuestos, es decir, que las productoras producían películas que intentaban superara la anterior en cuanto a explicitar contenidos vulgares, tanto de sexo, violencia como drogas, para que así el público pudiera disfrutar viendo cosas en esas películas que nunca antes hubieran imaginado. Véase, por ejemplo, en The sign of the cross (1932), una película con escenas cargadas de constantes desnudos y momentos gore, como por ejemplo la que se puede ver como una mujer guerrera corta la cabeza a un gladiador. U otras como El hombre y el monstruo (Dr. Jekyll and Mr. Hyde, 1931) o Forbidden Adventure (1935), un tipo de cine en que habitualmente se podían ver mujeres cambiándose de ropa, también quitándosela, enseñando pezones, etc. También obras en que su título ya de por si destella modernidad, como La divorciada (The Divorcee, 1930), una película en que una mujer divorciada interpretada por Norma Shearer -además en la vida real era la esposa del productor ejecutivo de la MGM Irving Thalberg- interpreta a una mujer que paga con la misma moneda la infidelidad de su marido yéndose a la cama con su mejor amigo, con tal de devolverle el duro golpe. Además, frases en el diálogo como “las mujeres fáciles son las que más se divierten” sirven para radicalizar aún más lo que de por si era radical en aquellos tiempos. En dicha película se infringe el Código Hays, ya que pone en duda si el adulterio es algo bueno o malo, pero en todo caso a Shearer esa interpretación le sirvió para ganar un Oscar, dando a entender a la MPPADA que la industria del cine estaba unida ante esa manera “escandalosa” de hacer cine. Eso sí, la historiadora de cine Kim Morgan argumenta en el documental American Grindhouse su postura, una postura que niega que todo aquél cine se tratara de cine exploitation, distanciándose así de la opinión popular sobre el tema. Ella considera que todas aquellas películas de bajo presupuesto que eran completamente provocativas, más que “exploitation” se trataban de películas que reflejaban la realidad de la sociedad americana, mostrando “locuras”, simplemente porqué la sociedad estaba loca. Un ejemplo es Baby Face, una película que justifica la violencia y los abusos sexuales de un hombre a una mujer simplemente porqué ésta practica un modelo de vida independiente y liberal respecto a los hombres. Por lo tanto, Morgan considera que la gente de aquellos tiempos deseaba ver en un cine películas con sexo, violencia y drogas, es decir, la realidad social de la nación por aquellos tiempos...


El Código Hays se aprobó en Marzo de 1930 por The Motion Picture Producers and Distributors of America, pero no se empezó a aplicar definitivamente hasta 1934. ¿Por qué en 1934? Durante el periodo Pre-Codigo Hollywood burlaba la censura. Lo hacía simplemente comprando a los jueces de la MPPADA, y ellos tampoco ponían demasiadas pegas a venderse, ya que hay que tener en cuenta que el cine era un negocio que funcionaba, y funcionaba en gran parte por esa manera de hacer pervertida. Además, revistas como la Motion Picture Herald, por mucho que su editor Martin Quigley fuera uno de los responsables del Código Hays, también acabó por incar el diente permitiendo en su revista publicar publicidad crítica con el Código Hays, tales como la de la MGM, en que aparecía en dicha revista con un anuncio de doble página y en color con el titular “Señores! La calidad no se codifica”, y de fondo una imagen de la MPPADA.2

En 1933, Will Hays necesitaba a un espía dentro de Hollywood y para ello contrató a Joseph Breen, un fanático religioso que creía que el cine era una comuna de pecaminosos que estaban corrompiendo a la sociedad americana. Su estrategia para aplacar esa fervor por el sexo, violencia y drogas fue a través de la Iglesia, pero no sin antes llevarse algunas derrotas, como la del escándalo de Tarzan y su compañera (Tarzan and his Mate, 1934), una película en que Jane, interpretada por la estrella de cine de origen irlandés Maureen O'Sullivan, aparecía completamente desnuda en pantalla, a pesar de que el Código Hays prohibía tajantemente esa acción. Breen puso el grito al cielo, y la quiso prohibir, pero solo consiguió que, la productora de la película (MGM), rodara 3 escenas alternativas en que Jane iba medio o completamente vestida -y además de conservar la original-, todo fuera para así vender la película mejor dependiendo de las zonas del país. Esto también lo hizo El hombre y el monstruo (Dr. Jekyll and Mr. Hyde, 1931) con la escena de la prostituta, además de muchas otras películas. Por lo tanto, con esa acción quedaba claro que en distintas zonas de los Estados Unidos habían más o menos restricciones, de tipo religioso, que impedían ver según qué cosas en pantalla. Breen pensó, y posicionó a la Iglesia. Las entidades religiosas hablaban de una pérdida de valores tradicionales, además por aquellos tiempos el antisemitismo era una realidad, y como la mayoría de los primeros ejecutivos, directores y guionistas de Hollywood eran de origen judío, también se hablaba de un complot para acabar con los valores cristianos. Breen solamente tuvo que crear la Legión de Decencia Católica un grupo religioso que su misión era la de ver las películas de estreno y las catalogaban de si era pecado o no que la viera un católico, y para hacer propaganda de esas decisiones se le pidió a los sacerdotes de las Iglesias que los domingos sermonearan a los fieles sobre el pecado de ver determinadas películas. Estados Unidos por aquél entonces tenía 20.000.000 de católicos, por lo que, cuando acudían a misa, se les pedía a todos ellos que juraran ante Dios que no verían determinada película, incluso tenían que firmar un documento. Y de esta manera tan... curiosa, el cine transformó su manera de hacer y respetó punto por punto el Código Hays, ya que las productoras de cine realmente notaron el duro golpe comercial que les empleó Joseph Breen con la Legión de Decencia Católica.

Los que valoraban si una película era decente o no; o, dicho de otro modo más simple, si se podía estrenar en cines, era el PCA (Production Code Administration), una asociación creada por Will Hays ligada a la MPPADA que como comentaba, servia para dar el visto bueno a los nuevos guiones y así poderlas rodar posteriormente. Dicho órgano intimidaba mucho a los productores.

Con la ejecución del Codigo Hays en 1934 se hizo callar a las grandes Majors del cine en cuanto a películas “inmorales”, tales como Freaks, la parada de los monstruos (Freaks, 1933) de la MGM, un escándalo en su época que propició su retirada comercial de la película en 1934 hasta que el cineasta Dwain Esper la recuperó del olvido en los años 503. Pero ojo, porqué el cine exploitation siguió funcionando, pero solo el de bajo presupuesto. Hecha la ley, hecha la trampa. Al igual que cuando se prohibió el alcohol se abrieron bares clandestinos, pues algo similar ocurrió con el cine exploitation. La gente quería seguir viendo ese tipo de películas, y por eso se buscó la manera de verlas, y de hecho no fue nada complicado buscar una manera de seguir comercializando las películas, aunque fuera clandestinamente, ya que simplemente los productores independientes se dedicaron a recoger la fuerte respuesta comercial que había en mercados específicos, como la de los pequeños cines independientes de barrios o pueblos pequeños, lugares que escapaban del control de los grandes estudios. Allí era donde los propietarios acogían las películas de Serie B con los brazos abiertos, y el público acudía al cine, y veía lo que le programaban, y normalmente acababan por aplaudir las películas cuando éstas terminaban. Era precisamente esa narrativa atrevida, y no obstante escasa de medios, que frente a los tostones de tradition de qualité el público se lo pasaba en grande viendo aquellas historias. Eran cines clandestinos, algunos antros de mala muerte, habitualmente en pueblos, y con gente ansiosa por vivir nuevas experiencias excitantes, tales como las que ofrecían películas como The Peace that Kills (Ídem, 1936), Gambling With Souls (Ídem, 1936), Tell Your Children (Reefer Madness) (Tell Your Children, 1936), Marihuana, la droga diabólica (Assassin of Youth, 1936), Sex Madness (Ídem, 1936), Slaves in bondage (Ídem, 1937), Slaves of the Soviet (Ídem, 1944), etc. Solo era cuestión de rodar las películas con distintas versiones, más o menos explícitas, siempre que se quisiera ser más o menos ambicioso comercialmente hablando. De este modo la distribución de cine exploitation funcionó a la perfección hasta finales de los años 40, momento en que se suavizó la normativa debido a un periodo de crisis creativa en la industria de las Majors -pudiendo así las grandes productoras crear películas más violentas y sexualizadas que hasta entonces-, y eso consecuentemente significó la desaparición del cine exploitation más underground.

Uno de los directores que encontró la fama durante del periodo de ejecución del Código Hays fue el anteriormente nombrado Dwain Esper, un director conocido, además de por ser el responsable de recuperar Freaks, la parada de los monstruos, por realizar Maniac (Ídem, 1934), una película que se inspiraba libremente en el cuento de Edgar Allan Poe “El gato negro”. Fue una película muy mal realizada, como todas las que hizo Esper en su carrera, pero dicha película tenían elementos que llamaban la atención, como desnudos constantes, chicas gritonas, violencia, y un gato de peluche malicioso, justo cuando el Código Hays ya se estaba aplicado con firmeza en 1934. Por lo tanto, el cine exploitation siguió vivo y coleando tras el Codigo Hays, e incluso con más fuerza en el sentido que la demanda de esas películas iba cada vez más en auge, abriéndose dichas películas a unos cines de barrio de mala muerte ansiosos por proyectar películas que preferían dejar de lado la calidad de producción para proveer a los espectadores de una dosis de contenidos explícitos y experiencias nuevas. Y el negocio funcionaba debido a que cineastas y productores independientes, obviamente, se recorrían el país para vender sus películas a este tipo de cines.

De ese modo muchos cineastas perdieron la ética debido a la demanda del público, pero a la vez, ganaban dinero fácil. Obras como The wages of sin (1938), Child Bride (1938), que incluso muestra escenas de jóvenes pre-adolescentes desnudos; o Marihuana (Ídem, 1936), unas películas que siempre se presentaban ante el público con la etiqueta “para público adulto”, (no se vayan a pensar los espectadores que la película es menos atrevida que la anterior...). También películas como Slaves in bondage (1937), una película que muestra a mujeres en una cama tonteando y sugiriendo el lesbianismo. Y así con tantas y tantas películas... Por lo tanto, el cine de Hollywood mainstream era un cine hecho para todos, mientras que el exploitation era solo para aquellos que querían ver cosas distintas, atrevidas, perversas, algo que con una película de la Fox nunca podrían ver.

Y así fue como las productoras independientes encontraron una manera de hacer negocio, quizás de un modo casi ilegal, clandestino quizás, pero al fin y al cabo producían cine y los espectadores pagaban entradas para ver sus películas, algo que no es nada grave bajo mi punto de vista. Las grandes Majors tuvieron que retirarse de todo aquél cine más violento y sexualizado que anteriormente hacían, aunque, también, supieron encontrar la manera para conseguir pasar el filtro del Código Hays, como fue intentando plantear las películas sobre drogas y sexo desde un punto de vista educativo. Argumentaban que la gente no conocía nada sobre enfermedades de transmisión sexual, el sexo, sobre los peligros de la droga, y demás temas imaginables. Películas como Mom and Dad (A.K.A The family story, 1945), producida por Monogram -la productora “estrella” del cine de bajo presupuesto entre 1931 y 1953-, fue una película independiente que trataba temas como la higiene sexual y el nacimiento de los bebés, y que rápidamente empezó a coger mucha fuerza entre el público, tanto que la Warner Pictures compró sus derechos y la comercializó hasta el punto de llegar a ser una de las 30 películas más taquilleras de los años 40. ¿Por qué la MPPADA no cogió las tijeras de podar? Bien, por un lado llegaron a haber más de 400 demandas locales a la hora de exhibir la película, pero las alegaciones de Warner conforme se trataba de una película educativa, le permitió superar la censura. De todos modos, en lugares como Nueva York, permaneció prohibida hasta 1956, momento en que se retiró la prohibición alegando que el nacimiento humano no es algo “indecente”. De todos modos el caso de Mom and Dad fue algo muy puntual, y lo que hay que dejar claro es que el cine exploitation independiente siguió explotando estos temas, y con resultados cada cual más atrevidos y seductores, y a día de hoy, también más divertidos y recordados.



1Motion Picture Herald. 106 (2 de Junio de 1932) Pág. 10
2Motion Picture Herald. 113 (30 de Septiembre de 1933) Pág. 24-25
3Durante la era pre-Código, debido al éxito comercial de la Universal con producciones de cine de terror como fueron Drácula y El doctor Frankenstein, la MGM se decidió a hacer su propia película del género. Contrataron a Tod Browning, el director de Drácula, el que fue posiblemente el director más interesante de la cinematografía americana por aquellos tiempos. Le pidieron que hiciera una película de terror y así lo hizo. Realizó Freaks, la parada de los monstruos, la que es considerada por muchos como su mejor película. El escándalo llegó cuando la sociedad descubrió que la película no utilizaba actores reales, sino a disminuidos físicos y psíquicos de verdad, algo excesivo para una sociedad tan puritana como la americana que llegó a considerar el filme de Browning como de inmoral, por lo que se decidió reeditar la película para borrar varias escenas. Todo en su conjunto creó publicidad, y le hizo ganar a la MGM hasta 160.000 dólares de recaudación en taquilla, pero rapidamente tras su estreno se implantaó definitivamente del Código Hays y Freaks acabó retirada del mercado. No fue hasta los años 50 que un director de cine exploitation de poca monta, Dwain Esper, la recuperaría del olvido y la reestrenó en cines.


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